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Te escucho y me parece escucharme a mí, en un tiempo pasado cuando aún no había hecho las negociaciones conmigo misma. Sí, y es que los humanos somos complicados, atravesamos procesos largos para tranquilizar ese lago revuelto que sentimos en la mente y el corazón.

Finalmente, con el tiempo, deposita en el fondo sus sedimentos y vuelve a lucir transparente, sus aguas permanecen calmas de forma incierta, y probablemente creas que el asunto está zanjado. Mas solo en apariencia, pues al ver una fotografía, escuchar una remembranza o una canción, se agita su fondo, y sus aguas se vuelvan turbias como si no hubieran corrido las horas, y tus sentimientos estuvieran en el punto inicial. 

Me doy cuenta de que esas modificaciones aún no se operan en ti, aun corres a contratiempo, te enojas y culpas, entablas diálogos internos que parecen no tener fin, en los que señalas tu falta de pericia asertiva, no haber puesto las cosas en su sitio, tener arrumbados tus escudos antes de que te hirieran a mansalva, aun vagas por ahí con el espíritu herido, sin hacer las paces y unificarte. Pero; ¿sabes tú de alguien que haya salido ileso de este campo de batalla?

Yo te prestaría mi corazón pero también es impredecible, suele ser necio y empecinado, te llevaría de mi mano esquivando los brezos, pasando a un lado de esas barrancas profundas para librarte del peligro, pero no puedo. Cada quien pelea sus propias batallas, recorre sus propios caminos. Hasta que llega el día en que tu mente, en aras de descansar y conservar la cordura, firme las negociaciones contigo mismo, y entonces, veas las cosas de diferente manera. Y desde ese día, tratarás de regirte con esas nuevas reglas como una forma de alejarte del caos y mantener el orden. 

No, no te estoy diciendo que vas a olvidar, que por arte de magia se van a cerrar las grietas porque te estaría mintiendo, digamos que pactarás un armisticio y cesarán las hostilidades, porque no se puede andar por la vida con el corazón dividido.

Y aunque nunca logres explicarte las razones de la injusticia y del mal, esa tregua te permitirá vivir tranquilo, y cuando se nuble tu cielo, repasarás tu instructivo como si de un mapa con señalamientos se tratara, y volverás ileso sin reproches, reanudarás el paso, te incorporarás de nuevo, seguirás viviendo. 

Te pudiera hablar de resiliencia y aprendizaje (que por supuesto ya los tienes), pero sé que no te darán ningún consuelo, la firma de la paz la marcarás a tu propio ritmo y tiempo. Llegará el momento en el que consideres que ya fue demasiado, y será el tiempo de las negociaciones, en donde todas las piezas se ensamblarán, verás tu isla tranquila, los platillos de tu balanza se mantendrán en equilibrio frágil mientras no ahondes en aguas profundas y levantes el cieno.

 

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