No quiero vivir en otro país; quiero vivir en otro México.”

Frase de la Generación Z.

Ok boomer, aquí vamos; esto no es muy “random”.

Tomado del “slang” o jerga de la Generación Z.

En los últimos días, desde el asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, surgen voces de jóvenes en las redes y en los medios que no habíamos visto en varios años. Son los nacidos entre 1997 y 2012, pertenecientes a la llamada “Generación Z”. Es el grupo que viene después de la generación de los millennials. Su distintivo es haber nacido al mismo tiempo que el internet y haberse desarrollado junto con las redes sociales y los teléfonos móviles en mano.

Cada generación es rebelde a su manera, aunque algunas se distinguen por lograr cambios reales. Los jóvenes que encabezaron las protestas en octubre del 68 en México coincidieron con el hartazgo de la inútil guerra en Vietnam y las revueltas en París. Ese año asesinaron a Martin Luther King y a Robert Kennedy; ese año el gobierno de Gustavo Díaz Ordaz apagó las marchas estudiantiles con una masacre en Tlatelolco, un hecho que marcó nuestro destino.

La Generación Z, por lo que vemos en varias partes del mundo y ahora en México, tiene como arma para presentar sus ideas y sus protestas los medios digitales como TikTok. Mensajes breves, sin prejuicios, con frases cortas y claras de repudio a la corrupción, la violencia criminal y las mentiras oficiales. Son estudiantes de preparatoria y de universidad; son jóvenes informados y con una conciencia crítica que no habíamos visto en décadas.

Sus líderes ven lo que sigue en nuestro país: la pérdida de instituciones, la difuminación de la república y un gobierno que, en menos de una década, habrá duplicado la deuda pública. Ellos pueden imaginar que no seremos los “baby boomers” quienes paguemos el derroche y la corrupción del pasado sexenio. Notarán que la movilidad social no avanza porque la economía no crece. También se darán cuenta de la emergencia de otros países latinoamericanos (de izquierda y derecha) que avanzan hacia una mejor gestión de sus recursos.

La respuesta de un joven estudiante de la UNAM sobre los cambios constitucionales al presidente de la Suprema Corte de Justicia, Hugo Aguilar, fue una pequeña cátedra jurídica. Mientras desde la SCJN se habla de justicia para el pueblo, el joven desarma el discurso porque, sin buenos magistrados y jueces, sin mérito, el sistema judicial no funciona; no sirve al “pueblo”.

La fuerza de esta generación, que declara su “hartazgo” con la clase política, los partidos y el gobierno, radica en la inmediatez de la comunicación en redes sociales. También en su independencia de las ideologías tradicionales. ¿Qué quieren? Lo primero que advertimos es que no están dispuestos a que les tomen el pelo, ni a aceptar engaños cuando ven la situación real de sus posibilidades futuras frente al discurso político. Quieren seguridad, transparencia, cero corrupción, oportunidades y no pagar tributo al crimen organizado. Tal vez no esté articulado aún en su discurso, pero, en el fondo, quieren instituciones democráticas independientes.

Gerardo Fernández Noroña les contesta, también en redes sociales, que no tienen pueblo ni fuerza. Lo mejor que puede suceder a un movimiento nuevo es que un corrupto traidor lo denigre. Un “boomer” de la peor ralea. La respuesta en redes sociales es fácil: “contesta cómo adquiriste tu casa en Tepoz”.

450 Historias de León

Acompáñanos en un recorrido por la historia de León. Recibe en tu correo relatos sobre personajes, barrios, tradiciones y momentos clave, que celebran la identidad leonesa, en el marco de los 450 años de nuestra ciudad.