La mayor obra hidráulica que se construirá en Guanajuato comienza a ser una bandera política para algunos pobladores del sur del estado. Desde hace 35 años, las ciudades del Corredor Industrial necesitan agua para crecer.
Creímos, los ingenuos ciudadanos, que el agua llegaría con la presidencia de Vicente Fox. Todos los presidentes tienen sus proyectos mascota y el paisano había prometido tren interurbano y agua. Lo hemos repetido muchas veces porque todavía no nos cabe en la cabeza por qué no se construyó cuando había dinero para hacerlo. Solo bastaba una indicación a Francisco Gil Díaz, secretario de Hacienda, para que destinara una modesta parte del presupuesto federal y atendiera la demanda de quienes lo habían llevado al triunfo del PAN.
Hoy, la presidenta Claudia Sheinbaum tiene toda la voluntad de construir un acueducto desde la presa Solís, un embalse de 1,042 millones de m³ de agua, ubicada al sur del estado. La mayor parte de esa agua se destina al riego en las tierras fértiles del Bajío. Los excedentes llegan al lago de Chapala a través del río Lerma.
El problema, con o sin acueducto, es el bajo rendimiento de nuestra agricultura debido al uso de agua “rodada” en el distrito de riego 11. De sus 110 mil hectáreas, menos del 10% cuentan con tecnología moderna, como riego por goteo, pivotes centrales o riegos de ataque frontal, y muy pocas se cultivan con invernaderos. El agua se desperdicia porque es casi gratuita para los agricultores y no hay suficientes programas para tecnificar.
El llanto de los agricultores que paralizan el tráfico en carreteras porque no alcanzan a cubrir sus costos de producción con los precios de mercado podría resolverse con cultivos más rentables. Nuestro llamado “granero nacional” puede producir al menos el triple si se cultiva la tierra con alta tecnología. Pero si ni siquiera pueden cubrir los costos del maíz y del sorgo, menos aún tecnificar sus tierras.
Los grandes empresarios agrícolas demuestran que una hectárea de invernadero tecnificado (cuesta más de un millón de dólares) produce hasta 50 veces más valor que una hectárea de cultivo de granos. Guanajuato podría ser el gran huerto de México, con capacidad suficiente para surtir de todo a toda Norteamérica… y más allá. Se necesita inversión.
El trato es sencillo: destinamos agua a León, Celaya, Salamanca, Irapuato y Silao a cambio de inversiones en tecnología. La gente ignorante, como el “Padre Pistolas”, no entiende que existen acuerdos en los que todos ganan. El acueducto transportaría entre 3 y 4 m³ por segundo. Tomaría de Solís unos 110 millones de m³ al año. Apenas el 11% del embalse de la presa. A cambio, los agricultores reciben 6 mil 400 millones de pesos para invertir en tecnología y desarrollo.
Si se administra bien, el agua puede multiplicar el rendimiento de las cosechas y elevar el nivel de vida de más de 3.5 millones de habitantes del estado que pagarían por ella. Privar del agua a las ciudades más productivas no es un acto muy cristiano; podríamos decirle a Alfredo Gallegos, apodado el “Padre Pistolas”. Su vulgar intervención para amenazar a nuestra gobernadora, Libia García, es puro farol para hacerse notar y amedrenta a los pobladores del sur del estado mediante mentiras. Que quede claro: el agua no va a faltar. Sus fervorines deben ser humanos y útiles para la gente, no como son: la pura “Carabina de Ambrosio”.