Amar a quien queramos tiene que ser un derecho.”

Diputada Sandra Pedroza,  Movimiento Ciudadano .

Fue una lucha grande y de años, pero al final la libertad avanza. No se trata de una promoción del partido de Javier Milei, presidente de Argentina, sino de un reconocimiento al Congreso de Guanajuato que ensanchó las libertades individuales al aceptar las uniones civiles entre personas del mismo sexo.

Es como llegar a la cima de una montaña después de siglos de tortura social, de máscaras que se “encerraban en un clóset” o sufrían su destino como parias sociales. La historia nos dio ejemplos notables en la literatura como el de Oscar Wilde, quien fue encarcelado por aceptar su homosexualidad. A principios del siglo XX tuvimos artistas como Virginia Woolf o Gertrude Stein que tuvieron vidas marcadas por el conservadurismo por ser lesbianas. ¿Qué decir de Alan Turing, el científico inglés que descubrió el código Enigma de los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial? Turing tuvo que someterse, por ley, a tratamientos hormonales para “curar” su naturaleza y luego fue encarcelado por lo que se creía que era una desviación moral. Tal fue su desgracia que se suicidó a los 41 años. La bendición del siglo XXI es el reconocimiento social y legal de quienes son distintos de la mayoría.

Marcel Proust, el novelista más importante de Francia en el siglo XX, tuvo que esconder en su magna obra “En busca del tiempo perdido” la naturaleza de sus querencias; su amor, llamado Alberto Agostinelli, llevaba el nombre de Albertina, como ejemplo. En su cuarto episodio de la novela titulado “Sodoma y Gomorra”, da largas explicaciones sobre la condición humana en el amor homosexual; siempre sesgado y elíptico, hacía llamar a sus pares “invertidos”. Pudo salvar su nombre gracias a su extraordinario talento, reflejado en su obra monumental donde narraba la vida social y política de la Bella Época.

Celebremos también la prohibición de las “terapias” que aplicaban los conservadores para forzar sexualidades imposibles. Siempre lo comparo con la naturaleza de ser diestros o zurdos; las personas no escogen escribir con la mano derecha o la izquierda, como tampoco el tener ojos azules, verdes o cafés. Asimismo, la preferencia sexual no es un defecto de carácter ni algo que se adquiere por haber sido personas mimadas o pervertidas que cambiaron de sexo por excesos. Hoy, todas esas consideraciones nos parecen absurdas y sin fundamento científico ni ético.

En los próximos años, seguirá la discusión sobre la legalización del aborto y el apoyo a las mujeres que decidan no continuar con un embarazo en las primeras semanas de la gestación. Un aborto es una tragedia, una derrota de la vida, pero muchos piensan que no es un crimen. Menos un delito punible. La avanzada del feminismo lucha por otorgar a la mujer la libertad de decidir sobre su cuerpo, la más íntima de las decisiones. Como los hombres no sufrimos ese dilema, deberíamos ser los últimos en imponer códigos éticos, morales o sociales al respecto.

En los países desarrollados se reconoce el derecho de la mujer a decidir si continuar o no con su embarazo. Guanajuato va detrás de muchas legislaturas más desarrolladas. Hace un par de generaciones nunca habríamos imaginado la legalización de los matrimonios entre personas del mismo sexo. Dentro de una generación, o antes, la mujer contará con el apoyo para decidir sobre su cuerpo en Guanajuato y en todo el país. Eso es seguro.  

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