“Sin seguridad no hay paz, sin paz no hay democracia y sin democracia no hay libertad. Chile volverá a ser libre del crimen, de la angustia y del temor”
José Antonio Kast, presidente electo de Chile
Chile vivió una jornada ejemplar en la segunda vuelta electoral para la presidencia de la república. Ganó la derecha, representada por José Antonio Kast, un experimentado y tenaz político de 59 años. Después de 4 años de gobierno de Gabriel Boric, joven representante de la izquierda, la gente quiso un cambio y votó por la derecha.
Los problemas chilenos son la inmigración, la violencia y el lento crecimiento económico. Boric llegó al poder hace cuatro años, impulsado por jóvenes descontentos con las pocas oportunidades de trabajo y, sobre todo, con la dificultad de acceso a la educación superior. Recordemos esos disturbios provocados por un pequeño aumento del precio del transporte; recordemos los discursos en defensa de la educación gratuita. Chile giraba a la izquierda bajo la promesa de una mayor participación del Estado.
Como dicen, los toros se ven mansos desde la barrera. Boric y sus seguidores quisieron cambiar la Constitución, pero no alcanzaron los votos; Boric quiso luchar contra el “neoliberalismo” instaurado desde la época de Augusto Pinochet: no tenía sentido económico. Chile es el país más próspero de Latinoamérica. Si medimos el ingreso per cápita de unos 18 mil dólares por habitante, solo está detrás de Panamá y Uruguay, que son más pequeños.
No obstante las dificultades del modelo izquierdista, Chile mantuvo su vocación democrática fundamental. Siempre con claridad sobre lo que está bien y lo que está mal. Boric no aceptó el robo de las urnas en Venezuela y condenó a Nicolás Maduro por demoler la voluntad popular. A diferencia de México, los valores democráticos superaron a la ideología; las instituciones prevalecen sobre los cambios radicales que el PCCh (Partido Comunista Chileno) hubiera deseado. Boric jamás pretendió concentrar todo el poder en la presidencia, primero porque no podía y, por ética política. Con gran categoría, propuso brindar ayuda incondicional al presidente electo Kast para asegurar la mejor transición de poder. Kast, desde la tribuna y con el triunfo en la mano, defendió a su contrincante cuando la masa quiso abuchear. Dijo que Jeannette Jara, militante del PCCh, había defendido sus ideas con gran esfuerzo durante su campaña. Lo importante ahora sería mantener la unidad de Chile. Kast pidió a la multitud “respeto y silencio” en un gesto de humildad.
Kast leyó bien la voluntad de los ciudadanos de poner fin a la violencia y a la inmigración sin control. Se le acusa de ser “ultraderechista”. Después de escucharlo, más bien es un hombre pragmático que limitará el crecimiento del Estado en favor de la iniciativa individual de los chilenos; aumentará la presión sobre el crimen organizado y la violencia en las calles. Promoverá un crecimiento al doble del ritmo actual. Los ciudadanos tienen clara la idea de vivir en paz y en democracia, a pesar de las diferencias de pensamiento. No importa qué piensen, sino los logros sociales y económicos.
La presidenta Claudia Sheinbaum hizo bien en felicitar a Kast desde temprano. Ahora podría valorar el pluralismo político de Chile y su prioridad democrática como ejemplo de civismo frente al péndulo natural entre gobiernos de izquierda y derecha. Imaginemos todo lo que ganaría el país si convocara a la oposición a conversar sobre lo fundamental y lograr acuerdos en bien de México.