Queridos Reyes Magos, ustedes saben que las encuestas y mediciones de percepción, como las que de manera periódica se levantan en el país, coinciden en algo esencial: en León y en Guanajuato la principal preocupación sigue siendo la seguridad, seguida muy de cerca por la mejora en la economía, con empleos bien remunerados. No es una percepción aislada ni una exageración mediática; es el sentir cotidiano de familias que trabajan, estudian y se esfuerzan por salir adelante en medio de la incertidumbre. Por eso, al pensar en el año que viene, la cartita de Reyes Magos es el deseo colectivo que se resume en algo simple y profundo: vivir sin miedo y vivir mejor.
Yo mismo comparto ese anhelo. Aunque viene un año difícil, ojalá que nos vaya mejor en nuestra economía personal y familiar. Que el salario alcance, que el empleo sea digno y que los pequeños y medianos negocios puedan sostenerse sin extorsiones ni cargas injustas. No se trata de aspirar a lujos, sino a estabilidad, a tranquilidad y a la posibilidad de planear el futuro sin sobresaltos constantes.
Pero no todo es economía y estadísticas. Otro de nuestros deseos es recuperar cosas que hemos ido perdiendo en el camino: valores, solidaridad, empatía y, sobre todo, fraternidad.
La violencia del crimen no solo ha llenado de dolor a miles de hogares; ha ido infiltrándose como una violencia estructural que normaliza el enojo, la desconfianza y la agresión en la vida diaria. Un simple problema vial puede convertirse en una lucha a muerte. Eso es inaudito y profundamente alarmante.
No podemos perder la capacidad de asombro, y menos aún la capacidad de acción. Normalizar la violencia es aceptar la derrota como sociedad. Por eso deseo que reaccionemos, que volvamos a mirarnos como comunidad y no como enemigos potenciales. Que entendamos que la paz no se decreta, se construye con actos cotidianos, desde el respeto más básico hasta la participación responsable.
También deseo, y lo digo con claridad, que los gobiernos de todos los órdenes no roben y no utilicen el poder para beneficio propio, familiar o de su círculo de amigos.
Que se gobierne con ética, con austeridad real y con un compromiso auténtico con la gente. Que se termine la impunidad, los discursos vacíos, la demagogia y los lujos ofensivos frente a tanta necesidad.
Reconocer el perdón como una forma de liberación personal es otro deseo profundo. Pedir y dar gracias, desde la idea de Dios que cada quien tenga, puede ayudarnos a reconciliarnos con nosotros mismos y con los demás. No es resignación; es fortaleza espiritual para seguir luchando por un entorno más justo y humano.
No puedo dejar de mencionar otro flagelo que ha crecido de manera alarmante en León y en Guanajuato: las adicciones a drogas nocivas. En una entidad mayoritariamente urbana, este problema está ligado a muchos delitos, incluidos los homicidios dolosos que, aunque han disminuido en cifras oficiales, conviven con el aumento de desapariciones forzadas, fosas clandestinas y extorsiones del crimen. Los esfuerzos institucionales no alcanzan; se requiere la participación de toda la sociedad.
Mis mejores deseos son para León, para Guanajuato, para México y para el mundo entero. Que cesen las guerras, que vuelva la fraternidad y que recordemos, al fin y al cabo, que somos una sola raza humana. Ojalá el año que viene nos encuentre más conscientes, más unidos y más decididos a no rendirnos…
Feliz día de Reyes Magos
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