Maduro fue capturado, pero Venezuela enfrenta ahora el verdadero problema: reconstrucción, militares armados y miseria estructural.
Tristemente iniciamos el Nuevo Año con malos augurios, tanto internos como externos. Claro, en lo personal les deseamos el mejor de los años, colectivamente, estimados lectores; sin embargo, y porque vivimos en un régimen cuatrotero, socialista y prodictaduras, mucho tememos que nos espera -como País- un 2026 muy aciago. Gran parte de nuestros problemas (y al ratitico hablamos de Venezuela) es que nos gobierna gente inepta: tenemos trenes que se descarrilan y matan gente, ya sea por mala conducción o por mala construcción. Nos plaga también un crecimiento económico NULO, debido a la incertidumbre jurídica, la violencia y la falta de confianza. Y por si esto fuese poco, nos colocamos del lado equivocado de la historia, con una diplomacia que defiende a los tiranos y desestima el sufrimiento de los pueblos subyugados.
Nos atravesamos, con falta de tacto entre las patas de los caballos, abiertamente desafiando a nuestro vecino al norte del Bravo, quien repite que los cárteles -y no Claudia Sheinbaum- gobiernan México. Esto, justo horas después de haber capturado al narcotirano venezolano, Nicolás Maduro, en una operación militar que dejó en ridículo a las “Fuerzas Armadas” venezolanas, las que ni pudieron impedirlo ni figuraron en la acción, pues en 30 minutos entraron los Chinook, los Delta Force agarraron al exchofer de camión y amanuense de Chávez, y se lo llevaron con toda facilidad.
Cuando Rusia invadió a Ucrania nuestra diplomacia no dijo ni pío, ¡es más, recibieron con honores al Embajador ruso en el Senado! Pero ahora que se trata de tumbar a un narcotirano déspota nos rasgamos las vestiduras denunciando “una invasión”. Venezuela está invadida desde hace 25 años: por los cubanos (se estima que hay más de 30 mil cubanos en Venezuela, como asesores, espías y guardaespaldas de Maduro), los Iraníes (que le proveyeron drones) y los rusos, que le venden armamento (aviones de combate Sukhoi) y hacen negocio con el petróleo, por ejemplo, suministrándolo a Cuba.
El arresto de Maduro, debemos ser claros, no es el fin del desmadre, sino el inicio del mismo. Así de pulcra como fue la faceta de la operación militar que capturó a Maduro, así de inepta era la “opción” original propuesta por el Presidente Trump de que, hasta que se realice una transición justa, “Nosotros gobernaremos Venezuela”… ¡error! Para empezar, Estados Unidos no tiene forma de “gobernar” legítimamente, pues no está en Venezuela: lanzó ahí una operación, pero no permaneció. Esa opción, aparentemente, quedó descartada ayer por el Secretario de Estado, Marco Rubio. Y, en segundo lugar, si acaso hay alguien a quien se le pueda llamar -con cierto asomo de verdad- “Presidente” de Venezuela, éste sería Edmundo González, quien se encuentra en España.
¿Y qué con los militares venezolanos afines a Chávez/Maduro? Ellos no están desarmados y tienen un jefe: el Secretario de Defensa, ¿y éste a quién es leal? ¿A Delcy Rodríguez, hoy Presidenta encargada de Venezuela? ¿Y ella de quién tomaría órdenes? ¿Acaso de Marco Rubio?
Y ni siquiera hemos abordado el tema de la economía de Venezuela, destrozada por un cuarto de siglo de errores garrafales e ineptitud por parte de los socialistas que la han gobernado, ídolos de nuestros cuatroteros. Estiman expertos que tan sólo restaurar la industria petrolera venezolana requerirá unos doscientos mil millones de dólares de inversión, y regenerar la destrozada capacidad de abastecer de alimentos al pueblo venezolano, otro tanto. (El 80 por ciento del total de los alimentos llegó a ser importado). Por esto es que el desmadre apenas inicia: sí, se libró el pueblo de un dictador; Venezuela es ya LIBRE, pero la “realpolitik” indica que el camino de su recuperación es complicado. Pues -como nos pasa hoy en México- en lugar de imprimirle prioridad al buen Gobierno se le dio primacía a la ideología y acumulación de poder.
Sacar a Maduro, juzgarlo, encontrarlo culpable y condenarlo a mil años de cárcel es lo fácil; hacer que Venezuela recupere su democracia, instituciones, prosperidad, su paz y su armonía es lo endemoniadamente complicado… ¡Y Estados Unidos se ha echado a cuestas, solito, este pesado paquete!