A finales de los años 80, Hollywood, a través de James Bond nos ilustraba cómo había que proceder contra los dictadores. En Licencia para matar, segunda y última película de Timothy Dalton en el papel protagónico, el agente británico daba cacería al narcotraficante y mandamás de un exótico país caribeño, encarnado por Robert Davi; quien, al igual que Antonio Noriega, por entonces hombre fuerte de Panamá, tenía el rostro tachonado de viruela y blandía un machete como símbolo de poder.
Unos meses después del estreno, Bush padre ordenaba la operación Causa Justa, para invadir Panamá desde las bases gringas en la zona del canal y capturar a Noriega contra quien se imputaron en cortes norteamericanas cargos muy similares a los presentados contra Maduro: narcotráfico, lavado de dinero y crimen organizado, pues hasta se le acusó de ser aliado de Pablo Escobar. El jurado lo encontró culpable de ocho de los diez cargos esgrimidos en su contra. A partir de entonces la vida de Noriega transcurrió entre cárceles de los Estados Unidos, Francia y su natal Panamá, donde murió en prisión domiciliaria provisional a los 83 años en 2017.
La operación en Panamá fue todo menos quirúrgica, por lo menos bajo los estándares actuales. Participaron más de 27.000 efectivos, una veintena de soldados americanos murieron en combate y se cuenta más de un millar de víctimas entre civiles y militares panameños. Entre las acciones contra la población civil se encuentra el incendio premeditado del barrio El Chorrillo que forzó el desplazamiento de más de dos mil familias. Incluso años después se descubrieron fosas comunes de víctimas civiles.
Noriega escapó al ataque inicial y se refugió en la embajada del Vaticano. Allí, cercado por completo y acosado, los soldados ponían música rock a máximo volumen las 24 horas del día frente a la Nunciatura como presión psicológica, decidió entregarse un par de semanas después. Con el dictador fuera y las tropas en tierra, el día después en Panamá se mostró mucho menos incierto que lo visto en Venezuela. El mismo día de la invasión, Guillermo Endara prestó juramento como presidente y una semana después el tribunal electoral avaló su triunfo en las urnas, acaecido meses atrás. Un par de días después del aval, las Naciones Unidas condenaban la acción militar mediante la resolución A/RES/44/240.
A pesar de esto último, la jugada fue perfecta: Estados Unidos mantuvo el control sobre el Canal por lo menos hasta su entrega en 1999, la verdadera causa de la intervención. La presencia de muy importantes bases militares en esa zona, le permitió controlar cualquier intento de insurrección y mantener Panamá bajo su tutela. Recuerdo que en una visita que realicé ocho años después de la invasión; las zonas aledañas a las bases norteamericanas, que sufrieron los primeros ataques, estaban aún sin reconstruir y marcadas con las huellas de las balas y la metralla. Sin embargo, todo funcionaba a la perfección, incluso la policía de tránsito. Y el dólar circulaba, a la par de la moneda local, el balboa como lo venía haciendo desde 1904.
Muchos sueñan que en Venezuela suceda algo similar tras el secuestro de Maduro, pero la situación es muy distinta, tan sólo han descabezado al pollo y por la experiencia reciente de otras invasiones e intervenciones, las cosas pueden ir rápidamente a peor. Trump piensa que puede gobernar un país desde un portaviones sin pagar el precio de una invasión y sin afectar la estructura política existente. Si eso fuera posible, habría impuesto sin dificultades a Juan Guaidó durante su primera presidencia.
La gobernabilidad de una dictadura tras su caída depende en buena parte de la colaboración de los militares y fuerzas de seguridad. Y sobre la cúpula venezolana pende todavía la condena por narcotráfico y otros delitos, no en vano lo llaman el cartel de los soles. Para poder realizar sus sueños petroleros en Venezuela, los gringos necesitarán una combinación entre fuerza y diplomacia efectiva como la que desplegaron hace décadas en Panamá. Y esto último, diplomacia, es justo lo que le hace falta al gobierno de Trump.
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