Ya casi libramos en tiempo, la “cuesta de enero”, ese tiempo en que la economía está débil y los bolsillos medio vacíos por los gastos del final del año. El frío y la falta de sol nos crean paisajes que no siempre son alentadores.
La estadística sobre suicidios refleja un incremento y se conoce que en estos días hay un “Blue Monday” (lunes triste) expresión asignada al tercer lunes de enero, que, de acuerdo a esta teoría, considera es el más deprimente del año. En 2026, el Blue Monday fue el lunes 19 de enero.
Lo que es cierto que en México se observa un incremento en las tasas de suicidio en enero, asociado a factores depresivos post-navideños; las tasas han mostrado una tendencia creciente en la última década, afectando principalmente a jóvenes de 20 a 34 años, con un repunte significativo tras la pandemia.
En el año 2005, un psicólogo llamado Cliff Arnall dijo haber encontrado la ecuación con la que podía identificar cuál era el día más triste del año. Para ello, Arnall tenía en cuenta algunos factores como el tiempo atmosférico, o el incumplimiento de los propósitos navideños, entre otros.
Arnall acuñó el término, tras apoyarse en una ecuación matemática; con ella obtuvo la conclusión de que el tercer lunes de enero es el día más deprimente del año. Los elementos considerados fueron: el tiempo atmosférico; deudas; sueldo para pagar las deudas; tiempo que ha pasado desde Navidad; el tiempo en el que se ha intentado cumplir los propósitos de año nuevo sin éxito; baja motivación; necesidad de hacer algo nuevo. Aunque es un acercamiento válido quizá para países industrializados, no se puede afirmar contundentemente, solo ayuda a identificar periodos críticos donde más debemos acompañar a los jóvenes.
Por haber dedicado cuatro décadas al trabajo con jóvenes en vulnerabilidad, me pidieron recientemente, ofrecer una charla sobre metodologías que contribuyan a mejorar el proyecto de vida de ellos. Por vivir y trabajar con ellos en suburbios, en internados, en escuelas, en universidades, en grupos juveniles y tener enorme cercanía con sus dilemas y sueños, identifiqué algunas variables que disparan las enfermedades mentales.
Hoy ser joven es entrar al mundo de la probabilidad de ingresar a la desesperanza y a tener contacto con el mundo de las drogas, las enfermedades mentales y a sufrir el crimen que a todos nos circunda.
En México, los trastornos mentales más comunes son la depresión y los trastornos de ansiedad (incluyendo ansiedad generalizada, TOC y fobias), seguidos por el trastorno bipolar, la esquizofrenia y el Trastorno por Estrés Postraumático (TEPT), afectando a casi la quinta parte de la población y con un impacto creciente tras la pandemia, influenciados por factores sociales como la violencia y el uso de redes sociales.
¿Qué hacer, me preguntan? No hay metodologías completamente exitosas ni de corto plazo en la prevención y atención de los jóvenes en vulnerabilidad social, con enfermedades mentales y en riesgo de adicciones. Solo nos acercamos a la solución y aumentamos la probabilidad de éxito. Es todo. No hay magia, sino prácticas exitosas que deben ser compartidas.
Los problemas de salud mental en jóvenes (14-29 años) en México aumentaron 26% tras la pandemia, siendo la ansiedad, depresión, trastornos de conducta y consumo de sustancias los más frecuentes. El suicidio es la segunda causa de muerte en jóvenes de 14 a 24 años. Factores como redes sociales, violencia intrafamiliar y presión académica impulsan esta crisis.
El trabajo en los bachilleratos es clave, pues es un espacio donde se pueden identificar y prevenir. No es sencillo, sin embargo, pues son reducidos los proyectos educativos con soporte de especialistas en las escuelas, toda vez que la prioridad es académica; sin embargo, sabemos que aquí es donde hay que invertir para prevenir.
Por eso, el inicio del año debe ser un tiempo de planear con los jóvenes con la seguridad de que el futuro será maravilloso. Los propósitos de año nuevo son indispensables y conocer de los apoyos que tenemos para ofrecer orientación, escucha y canalización cuando sospechamos casos difíciles; apoyarnos en atención Institucional del sistema de salud público y de centros especializados al acudir a hospitales psiquiátricos; prevención y apoyo educativo al implementar programas de habilidades socioemocionales en escuelas y empresas (NOM-035) para identificar y prevenir riesgos. Además, el ejercicio diario, higiene del sueño, dieta balanceada y practicar actividades de relajación.
No hay tiempos críticos, podemos hacerlos maravillosos.