Hay juniors de todos los colores y de todas las creencias; el nuevo en las noticias es el hijo del difunto ayatolá Alí Jamenei, llamado Mojtaba. En varios medios europeos se le identifica como uno de los personajes más ricos del mundo. La televisión francesa califica su fortuna como “colosal”. La agencia de noticias Reuters investigó sus propiedades y empresas en todo el mundo y estimó un rango de 95 mil a 200 mil millones de dólares.
Eso sitúa a la familia del difunto Alí Jamenei entre las más ricas del mundo, a la altura de Bill Gates u otros multimillonarios de la tecnología. Las propiedades del muy piadoso señor son hoteles, mansiones y empresas de energía, telecomunicaciones y finanzas. La mayor riqueza particular de Irán está fuera del país en manos de sus líderes religiosos teócratas, es decir, gobernados presuntamente por Alá.
A este calificativo debemos agregar el de “cleptócratas”, o algo así como “ladrones en el poder”. La fortuna proviene de que, en 1979, incautaron las propiedades del régimen del sha Reza Pahlavi y se hicieron de todas las propiedades extranjeras importantes en Irán. Esa riqueza está fuera de la contabilidad gubernamental, en total oscuridad y sin que se conozca su origen preciso y su destino hereditario. La mayor parte de la riqueza proviene de una entidad llamada Setad ( Oficina para ejecutar la orden del Imam). Los bienes están en Suiza, Londres, la Isla de Man y los Emiratos Árabes. Sus bienes raíces en la mejor zona de Londres están valorados en 130 millones de dólares.
Recuerdo encabezados muy simpáticos sobre el Sha Reza Pahlavi, quien había acumulado una fortuna de 4 mil millones de dólares cuando huyó de su país (“Pelao tan ahorrativo”, decía un tabloide). Pasó por Estados Unidos y luego llegó a México, en franca huida para salvar su vida.
Pero la riqueza petrolera de Irán no sólo es acumulada por el líder supremo y su descendencia, sino también por los miembros de la “Guardia Revolucionaria”, los más poderosos del ejército iraní, que se sirven con cuchara grande. Se cree que la industria local está en manos de ellos, quienes representan el 30 % del PIB. Mientras la gente sufre la inflación y el retroceso económico, las élites, o “la mafia en el poder”, absorben el ahorro nacional.
Si se aferran al poder y juran no capitular ante el poderoso ejército norteamericano, no es solo por razones patrióticas o por creencias absolutas; una derrota significaría la pérdida del patrimonio del nuevo ayatolá Jaimeni y de sus “leales” seguidores, los líderes de las Guardias Revolucionarias. A la “teocracia” le sumamos la “cleptocracia”. En nombre de “Alá es Grande”, se hicieron de la riqueza de un pueblo sometido al fanatismo religioso y al terror de la represión. Durante las protestas de enero, murieron 10 veces más ciudadanos que durante el tiempo de guerra.
En México, si no cuidamos nuestras instituciones y luchamos por nuestra democracia, podríamos asemejar el sistema político al de Irán: una cúpula dueña de los enormes negocios con el gobierno; militares acaudalados por la participación en la construcción de infraestructura; y los poderes legislativo y judicial, bien maiceados, como dijera Vicente Fox.
El salario máximo al que pueden aspirar los funcionarios de alto nivel es sólo la caja chica para sus gastos menores. Una ficción que tarde o temprano caerá por su propio peso, siempre y cuando tengamos una oposición firme y vibrante.