Si el gobierno de Claudia Sheinbaum no coopera contra los cárteles, Trump podría actuar por su cuenta. Un “no” rotundo a Estados Unidos podría encender la mecha.
Obviamente nadie queremos que se repita la invasión norteamericana de 1846, pero también es cierto que el planteamiento de Donald Trump es distinto a una invasión territorial con ánimo de conquista. El “Escudo” de Trump (que pondrá a cargo de Kristi Noem, la ex de Homeland Security) se refiere exclusivamente a una acción contra los cárteles, y ello dado que él le ha ofrecido en innumerables ocasiones a la dama de la “dulce voz” actuar conjuntamente contra los criminales, algo a lo que ella se ha negado, y se sigue negando.
No entienden al norte del Bravo esta negativa: ¿por qué habría de rehusar el Gobierno mexicano la poderosa ayuda de un vecino contra la amenaza a la paz social que aquí y allá representan los cárteles de la droga? ¿Por qué, pensarán ellos, esta renuencia a actuar de manera contundente contra estas organizaciones criminales que incluso en ciertas zonas del País han rebasado a los Gobiernos locales, convirtiéndose en autoridad de facto?
El que no lo entiendan es, justamente, la razón por la que pensamos que el Gobierno de Trump, con o sin “permiso” del nuestro, hará algo muy pesado contra los cárteles. Ello en un plazo máximo de cinco o seis meses, si no es que antes, a menos que Sheinbaum halle la forma menos dolorosa de cooperar. Es muy probable que nuestro Gobierno y el círculo cercano a la Presidenta se estén equivocando rotundamente si piensan que Trump blofea y que se contentará con accioncitas como las que han venido realizando. Y pues no: las indicaciones -informales y formales- son que Trump no está contento con México ni con su Gobierno.
La evidencia sumada, como la formación del “Escudo” y las declaraciones del Presidente norteamericano, indican que éste está convencido de que tendrá que actuar de manera unilateral, ya que el Gobierno mexicano no lo hará. Existen muchas formas de ayudar, y aparentemente todas se le han planteado al Gobierno de la señora Sheinbaum, ninguna habiéndole cuadrado. El no buscar, es decir, negociar una forma de cooperación para erradicar los cárteles y el tráfico de drogas le da el pretexto perfecto a Trump para cumplir lo que tanto ha amenazado con hacer: atacar directamente a los cárteles mexicanos.
En nuestra h. opinión, la “respuesta” a Trump -supuestamente con cabeza fría- que verbalizó el lunes la Presidenta es una pifia diplomática. Hay muchas formas de decir las cosas y la señora pudo haber dicho -en lugar de un no rotundo- un “veamos la forma”, sin intentar tampoco jugar el juego de las culpas mutuas, afirmando que es responsabilidad de Estados Unidos frenar el tráfico de armas hacia México. Es una falacia -que indica falta de entendimiento- esgrimir este tipo de argumentación: primero que nada porque la venta y posesión de armas en EU no es ilegal; lo que sí es introducirlas a México como contrabando. Frenar y acabar con el contrabando es una tarea que corresponde a las aduanas mexicanas, hoy en poder de la Sedena o la Marina: o sea, es responsabilidad de nuestro Gobierno que no entren armas a México, ni por la frontera norte ni por la frontera sur, es responsabilidad no del Gobierno norteamericano, sino ¡del mexicano!
Intentar voltearles el chirrión por el palito lo único que logrará es encamionar más al señor que carga el martillo más pesado del globo terráqueo. Vale mucho más en las presentes condiciones y con la amenazota pendiendo sobre nosotros, un sí ambiguo que un no rotundo. ¿Tanto así le importan a la presidenta Sheinbaum los “derechos humanos” de los narcogángsters como para arriesgar la integridad y autoestima de México frente al poderío norteamericano en un juego de pierde-pierde? Si no entendemos los mexicanos a qué le tira la señora con su actitud media-media ante los cárteles, menos le entenderán los señores del Departamento de Estado y del Gobierno norteamericano.
Adoptar posiciones irreductibles -la historia lo demuestra- casi siempre termina en calamidad. De manera que más nos vale a todos que encuentre la señora una forma de emplear su “dulce voz” para satisfacer las inquietudes de Mr. Trump, antes de que comience acciones unilaterales en México que pudieran acarrear daño colateral, pero que ciertamente exhibirían y pondrían en ridículo a nuestro Gobierno.