¿Sustancia o relleno?
No debería ser una decisión difícil, ¿verdad?
Sustancia significa fondo. Significa conocimiento. Significa expertise. Significa ejecutar bien. Significa crecimiento. Significa mejora. Significa un mejor futuro. Significa transformar para bien.
Relleno en cambio, significa rollo. Significa enfocarse en la forma. Significa privilegiar la porra. Significa arrogancia. Significa estancamiento. Significa tropezar y tropezar. Significa ineptitud. Significa transformar para mal.
La decisión es obvia.
Mmmm, pues no.
Una buena parte de la problemática que sufre el planeta en tantos ámbitos se explica porque hoy es más fácil que nunca elegir relleno.
Optar por la forma y olvidar el fondo.
Veamos.
Por supuesto que el ejemplo más claro lo tenemos en la política. En todo el mundo, y también en México, hoy la popularidad es más importante que la sapiencia.
Es terrible observar la disparidad que existe entre los resultados y la aprobación. Gobernantes populares que entregan pésimas cuentas.
Ejemplos sobran: Donaldo J. Trump, Samuel García en Nuevo León y tantos y tantos gobiernos cuatroteros (y de otros colores) en tantos y tantos estados y municipios en todos los rincones de México.
Políticos que tienen nivel de “premio nobel” para promocionarse, para ma$ajear y apoyar a sus bases electorales.
Y eso basta para mantener la aprobación. Basta para ganar elecciones.
El mundo al revés.
Porque esa popularidad manufacturada artificialmente debería pesar cero. Es relleno, lo que en inglés se conoce como “fluff”.
Lo que debería pesar es la sustancia. Lo que debería pesar son los resultados medibles. Lo que debería pesar es la ejecución ingenieril de buenas ideas a través de largos periodos de tiempo.
No es física cuántica.
Cualquier empresario, cualquier emprendedor lo sabe. Sabe que el mercado es un juez implacable que tarde o temprano premia la sustancia y descarta al “fluff”.
OJO, esto no significa que la imagen o la mercadotecnia no pesen. Sí importan, pero primero va el producto. Y si el producto es relleno, pronto terminará en el basurero corporativo.
En la era de las redes sociales y la comunicación 24×7, esto no sucede en la política. Es la paradoja máxima: la hipercomunicación nos lleva a una acumulación de basura, de relleno, que parece no tener fin.
“Inteligencia no es sabiduría. Si personas inteligentes reciben mala información, tomarán decisiones estúpidas. Hoy poseemos la tecnología de información más sofisticada de la historia y el mundo está inundando de basura”, comenta Yuval Noah Harari en una conferencia reciente.
El historiador, filósofo y autor israelí explica que “la información no es verdad, porque apenas un pequeño subconjunto de ésta es verdad”.
Exacto.
Ese es el problema de fondo.
Y ahí, en el problema, está la solución.
Debemos filtrar mejor la información que recibimos y consumimos. Debemos entender que por más inteligente que cualquiera sea: si entra basura, saldrá… basura.
¿Qué hacer? Aquí ya lo hemos comentado:
- Seleccionar bien fuentes de información. Privilegiar medios serios y, por supuesto, suscribirse a El Norte, Reforma y Mural.
- Tener cuidado con las redes sociales. Antes de formar una opinión que provenga de éstas, verificar.
- Desarrollar un radar para fake news. Tip: ¿cómo saber si una noticia es falsa? Revisa varios medios serios. ¿No está en ninguno? Doble contra sencillo: es fake. Una noticia se le puede pasar a un medio, pero no a todos y menos todo el tiempo.
Y también filtrar a nuestros políticos por el mismo rasero. Darles poco peso a sus palabras y videítos simpáticos. Son relleno. Evaluar, en cambio, los resultados. Evaluar la sustancia. Y luego actuar, votar en consecuencia.
Urge romper el reinado del relleno o terminaremos rellenados de puros dolores de cabeza y estancamiento.
En pocas palabras…
“La especie más inteligente del planeta es también la más delirante”.
Yuval Noah Harari
benchmark@reforma.com
X: @jorgemelendez