A partir de que AM denunciara los contratos asignados por el Municipio a la empresa fachada “Office and Publicity”, la basura ya no pudo ocultarse bajo la alfombra. Esto obligó al Gobierno municipal a instrumentar un control de daños: la renuncia del secretario de Vinculación y Atención a los Leoneses, Allan León. El caso, sin embargo, dista de estar resuelto y de constituir un hecho aislado.

La empresa fachada, con un domicilio fiscal inexistente, tenía como socia a una empleada doméstica y compartía gerente con otra firma vinculada al propio secretario. Los contratos fueron otorgados sin concurso mediante asignación directa.

El dispendio en espectaculares de la Alcaldesa y de Allan resulta igualmente indefendible: ¿quién los paga?, ¿de dónde sale tanto dinero? La respuesta es un insulto a la inteligencia de los leoneses: “No soy yo. Es promoción de una revista, con la imagen de una modelo que se parece a mí…”.

Pero, retomando el tema de los contratos de la empresa fachada, el zoológico y otras anomalías graves, la corrupción no siempre estalla de inmediato; a menudo se sedimenta. Se vuelve hábito, paisaje, inercia. Lo que aparenta ser una sucesión de irregularidades, contratos dudosos, proveedores fantasmas, avalúos cuestionables, termina por delinear algo más inquietante: un sistema que no solo tolera la corrupción, sino que la necesita para operar.

Andrea González Polak lo formula con precisión: “la amnesia institucional no es un accidente: es una práctica”. Ahí radica el núcleo del problema. Cada escándalo se presenta como novedad, como si no existiera memoria acumulada de advertencias ignoradas y reformas fallidas. No solo se comete corrupción: se borra su rastro. Se reinicia el ciclo.

Andrea menciona el caso “Rally Karewa”, del Tecnológico de Monterrey, un ejercicio académico que destapó irregularidades y reveló patrones estructurales: empresas registradas en domicilios inexistentes, proveedores beneficiados con decenas de adjudicaciones directas, vínculos que rozan el financiamiento político. Pero lo verdaderamente revelador no es el hallazgo, sino la respuesta: solo promesas que se diluyen hasta convertirse en simulación.

Las causas son conocidas, pero persisten. Opacidad: la información existe, pero es deliberadamente oscurecida. El ciudadano observa desde fuera; las decisiones se toman en circuitos cerrados.

Captura institucional: quienes deben vigilar forman parte del mismo entramado que deberían controlar. La supervisión se burocratiza. Cuando la corrupción deja de escandalizar, se normaliza; se pierde la capacidad de sorprender. A propósito del tema, el domingo, me decía un conocido: “¡No es tanto lo que se echaron a la bolsa…!”

El resultado es un circuito cerrado. Romperlo exige algo más que reformas cosméticas: exige memoria, consecuencias y la voluntad de que: “quien la hace, la pague”. Porque, mientras corromper siga siendo negocio y olvidar siga siendo política pública, los nombres cambiarán, los montos crecerán y los mecanismos se sofisticarán, pero la lógica permanecerá intacta.

Finalmente, Ale tuvo que renunciar a su partido. La filtración de su viaje a la Ciudad de México para presionar a la dirigencia, en torno a la imposición de su candidato, entre otros factores, desembocó en su salida: “Me voy del PAN. Yo quiero mucho a León, pero han estado atacándome. Hoy renuncio al PAN porque este PAN no me representa”. Así hizo pública su renuncia al partido, pero no a gobernar el Municipio. De esta manera, el PAN pierde el control político de la plaza. Astutamente, Ale se queda con las llaves de Palacio, que se cierra y abre desde dentro. Santiago Taboada, secretario general del partido, no supo desactivar el conflicto.

Así, los castillos de arena se derrumbaron. Los ediles azules tomaron distancia de Ale, los enemigos crecieron y las filtraciones desde dentro se intensifican. Pero condicionar su permanencia en el PAN a cambio de imponer a su criatura rebasó los límites; fue naif imaginarlo. Aunque, esa maniobra obedecía a una estrategia mayor: conservar León, bajo su control, como cabeza de playa para buscar la gubernatura con otros colores. Mientras, la gobernadora, Libia, reafirma su apoyo para León.

El poder se respira, se habita, crea adicción, no toda persona lo soporta. Ale se rindió ante los sortilegios del perfume del poder: quienes han respirado su aroma no vuelven a ser los mismos. Sin él, el tiempo se vuelve eterno; cuentan cada instante, cada segundo, cada minuto, en una brega hacia la eternidad.

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