No eran muchos los que lo querían. Los gobernadores de Morena se quejaban constantemente porque muchas veces se enteraban de su visita cuando Andy se encontraba ya realizando reuniones en sus estados. Su manera de actuar, haciendo ver en el bolsillo una charola a nombre de su padre, generaba malestares y molestias.
En el partido se hacía comidilla de su ineptitud, su falta de sentido común.
Las historias de sus excesos causaban desgaste, incluso, en la imagen de la presidenta. A través de su camarilla, tenía metidas las manos en todos los grandes negocios que se realizaron en el sexenio de su padre.
Las quejas llegaban también desde la presidencia de Morena, en tiempos de Luisa María Alcalde. Se le llegó a definir como “una piedra en el zapato” de Claudia Sheinbaum.
Como gran operador electoral de Morena sufrió descalabros en Durango y Veracruz. Durante las elecciones de la llamada reforma judicial prometió entre 25 y 30 millones de votos: solo entregó siete.
Relatan fuentes de Palacio que tras su viaje millonario a Japón después “de jornadas extenuantes”, la presidenta dijo que estaba cansada “de cambiar pañales”.
Su salida de la dirigencia del partido estaba anunciada desde marzo. La negaron. Él sufrió otro bochornoso descalabro en la marcha que encabezó en Chihuahua en contra de la gobernadora Maru Campos, en donde fue recibido con abucheos y tuvo que ser sacado del aeropuerto por sus guardaespaldas. Se le venía encima un nuevo fracaso en las elecciones de Coahuila.
De pronto, anunció su renuncia. Confirmó que sus sueños de grandeza quedaban reducidos a la posibilidad de alcanzar una modesta diputación federal en Tabasco, de nueva cuenta bajo el amparo del apellido paterno.
Se dijo que buscaba la protección del fuero. Pero en todo caso, ese fuero se encuentra aún muy lejos, el otro año, a varios meses de distancia.
¿Existe relación entre esa intempestiva renuncia y la visita a Palacio Nacional, el jueves pasado, de Markwyne Mullin, el secretario de Seguridad Interior del gobierno de Donald Trump? Mullin y el embajador de Estados Unidos Ronald Johnson sostuvieron una larga reunión con la presidenta Sheinbaum y los integrantes del gabinete de seguridad. Según el comunicado de Relaciones Exteriores, dieron “seguimiento a los principales temas de la agenda bilateral”.
El gobierno mexicano reportó la reunión como si hubiera estado desmarcada del contexto efervescente de los últimos meses, en los que Estados Unidos ha anunciado la inminencia de nuevas acusaciones contra políticos y funcionarios mexicanos involucrados con el crimen organizado –tráfico de drogas y huachicol–, y en el que se halla al rojo vivo la solicitud de detención del exgobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y otros nueve funcionarios y exfuncionarios.
Se trataron, informó escuetamente la SRE, “temas de la agenda bilateral en materia de seguridad, frontera y migración”.
En Estados Unidos se lleva el juicio contra James y Maxwell Jensen, puntas del iceberg de una red que entre 2018 y 2025 introdujo en México millones de litros de combustible ilícito, el 85 % de los cuales entraron por la aduana de Reynosa, controlada por los hermanos Sergio y Julio César Carmona.
El contacto con esa red de tráfico, según la investigación internacional, fue el empresario mexicano Luis Rivera, operador del senador de Morena en el estado de Tamaulipas (impulsado por López Obrador y por el entonces presidente nacional del partido Mario Delgado), José Ramón Gómez Leal, “El JR”, quien había sido superdelegado de los programas sociales, dirigente de Morena en Tamaulipas, y aspiraba incluso a convertirse en gobernador del estado. Según las investigaciones iniciadas en 2021, Rivera estuvo a cargo de la tarea de recaudar los sobornos. El senador de Morena Gómez Leal fue el vínculo con los políticos. Como dos de los vínculos más importantes fueron señalados Adán Augusto López, uno de los hombres más poderosos en el sexenio de López Obrador, y Andy López Beltrán, el hijo de AMLO.
En el sexenio de López Obrador, el 20 % de la gasolina vendida en el país era en realidad huachicol.
Las repetidas presiones de Estados Unidos provocaron que Adán Augusto, exgobernador de Tabasco, exsecretario de Gobernación y precandidato a la Presidencia de la República, perdiera la coordinación de los senadores de Morena. El forcejeo duró varios meses hasta que la protección de su “hermano”, el expresidente, dejó de alcanzarle. Adán Augusto camina desde entonces de puntitas.
Como muchos otros, Andy López Beltrán también decidió replegarse y bajar su perfil en cuanto comenzaron los rumores sobre la existencia de una lista de políticos mexicanos vinculados o financiados por el crimen organizado: la famosa lista de Marco Rubio, tantas veces negada hasta que reventó el escándalo en Sinaloa.
Diversas fuentes han confirmado que se hicieron solicitudes a la embajada, y en reuniones con altos funcionarios, a fin de confirmar, primero, y de conocer, después, el contenido de esa lista.
Llaman la atención los tiempos. A sólo unos días de la visita de Markwayne Mullin a Palacio Nacional, al poderoso secretario de organización de Morena le entraron las prisas.
Nos han repetido hasta el cansancio que en política no hay casualidades. ¿Fue López Beltrán moneda de cambio?
@hdemauleon