Si el PAN hubiera querido, Guanajuato sería un estado ejemplar en todo sentido, pero sus dirigentes y los gobernantes prefirieron el camino fácil de operar como el viejo PRI. Temerosos de perder el poder, iniciaron programas populistas de entregas de becas durante el gobierno de Juan Manuel Oliva. En aquella época daban 250 pesos a las familias como apoyo escolar. Recuerdo que lo hacían justo al lado de la oficina de este periódico. Largas colas de familias esperaban la “ayuda”.
No era poca cosa, al menos gastaron mil 200 millones de pesos de aquel entonces. Sin focalización, sin medida de aprovechamiento; solo bastaba formarse y estirar la mano. El PAN comenzaba su decadencia. Cuando Miguel Márquez llegó al poder, inició la entrega de tabletas para los alumnos sin que tuvieran contenidos pedagógicos. El proyecto se extendió durante el gobierno de Diego Sinhue Rodríguez, con el (presunto) reparto de 100 mil laptops que al poco tiempo eran rematadas en las redes sociales por la mitad de su costo. El propósito populista era que los artefactos llevaran el sello del gobierno de Acción Nacional. Ahí también se botaron más de mil millones de pesos. La tentación de ganar simpatía con entregas inútiles siempre tuvo el tufo del populismo.
Felipe Calderón, cuya presidencia coincidió con el sexenio de Oliva, jamás tuvo la menor intención de escuchar los temas de corrupción en el estado. Su partido, dominado en forma cupular, solo tenía en proyecto las elecciones. Cuando habíamos agendado un desayuno con Ernesto Cordero, quien era precandidato del PAN a la presidencia, Oliva pidió que lo cancelara, sabía que pondríamos al tanto al entonces exsecretario de Hacienda, de todas las pillerías que los funcionarios públicos de su partido realizaban en el estado. Eso está documentado en un libro que publicó Raúl Olmos, entonces director de AM. Su título lo dice todo: “El saqueo”, recuento de un sexenio de corrupción. El Yunque tomaba el mando del partido con la copia corporativa de mando del PRI: de arriba hacia abajo
Los gobiernos de Acción Nacional no tuvieron y, hasta la fecha, no tienen un proyecto de cambio cultural de fondo en la función pública. La burocracia del partido se hizo del poder y opera para conservarlo mediante las prácticas que tanto criticaba del pasado. Los primeros líderes dejaron el paso a personas sin competencia para gobernar o comprometidos con sus antecesores por haber recibido la candidatura de ellos.
Quienes se atrevieron a disentir, fueron expulsados por ser incómodos en la crítica interna. En algunos casos, el amiguismo funcionó para echar debajo del tapete los grandes conflictos de interés. Los peces gordos que prometió consignar Vicente Fox se esfumaron o se sumaron al acuario de la burocracia federal. Personajes como la maestra Elba Esther Gordillo, sinónimo de corrupción y corporativismo sindical, departía con la cúpula del gobierno. Los grandes empresarios obtenían canonjías en contratos; recuerdo algunos nombres allegados a las familias del poder que obtenían prebendas a la luz del público.
Nunca, en ningún estado gobernado por Acción Nacional, hubo un cambio verdadero y de raíz: en Jalisco, Querétaro, Nuevo León, Chihuahua, Baja California, Aguascalientes y Guanajuato, hay historias negras hechas públicas que la cúpula del partido ignoró. Se pueden documentar.
Es el momento de que el PAN cambie, antes de que Ricardo Salinas Pliego, animado por lo que sucedió el domingo en Colombia, les coma el mandado.