México se acerca a un pico de “crisis por las pensiones”. El principal problema de las pensiones es su insostenibilidad financiera a largo plazo, por el rápido envejecimiento demográfico, una alta informalidad laboral y lo generosa que fue la ley del IMSS 1997. Actualmente, el sistema enfrenta desafíos críticos pues ya llegamos la “generación de la transición” (baby boomers) que somos altamente subsidiados y por contraste, a la falta de cobertura para millones de trabajadores. Aquellos que comenzaron a cotizar antes de la reforma de 1997 tienen derecho a jubilarse bajo el antiguo régimen (sumamente generoso) y pagar estas jubilaciones requiere más de 2 billones de pesos anuales y representa aproximadamente un tercio del presupuesto total del gobierno, dejando menos espacio fiscal para inversión en salud o infraestructura.

Esto es terrible; la creciente informalidad laboral lleva a que más de la mitad de la población económicamente activa trabaje hoy en el sector informal; esto es, que no cotizan en el IMSS o en el ISSSTE y llegarán a la edad de retiro sin ningún ahorro acumulado, dependiendo casi exclusivamente de los programas sociales universales del gobierno federal. Los trabajadores que cotizan bajo la Ley de 1997 (AFORES) acumulan fondos basados en sus aportaciones individuales, pero debido a los bajos salarios históricos, se proyecta que estas pensiones serán insuficientes para mantener el nivel de vida al momento del retiro. Además, como aquí lo he expuesto, algunos fideicomisos y contratos colectivos otorgan jubilaciones muy superiores al promedio nacional o “pensiones doradas”, como en Pemex, CFE y la extinta LyFC, afortunadamente ya topadas y evitando que superen el salario de la Presidenta de la República.

Además, para agravar el asunto, el gobierno federal creó el Fondo de Pensiones para el Bienestar, fideicomiso para complementar las pensiones de los trabajadores de la Ley del 97, buscando que reciban una cantidad más cercana a su último sueldo activo mediante la absorción de cuentas inactivas y otros recursos del Estado. Y otra: la loca demanda de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) para abrogar la Ley del ISSSTE, tiene todo que ver con las pensiones, eje central de sus movilizaciones actuales; exigen desaparecer la reforma implementada en 2007 en el gobierno de Felipe Calderón, debido al impacto directo que tuvo en la forma en que se retiran, pues obligó a los nuevos maestros a ingresar al sistema de cuentas individuales (Afores) como los demás mexicanos. La CNTE chantajea al gobierno federal todos los años y quiere siempre más privilegios como reducir más la edad de jubilación. Imposible darles tanto, pues la derogación total sería un impacto fiscal multimillonario brutal para el erario público, volver a absorber por completo las pensiones del sector educativo.

De aceptar las demandas de la CNTE, se haría un boquete financiero de tal magnitud, que obligaría al Estado a realizar recortes drásticos en otras áreas estratégicas; se pondría en riesgo directo el financiamiento de los programas de bienestar social, el desarrollo de obra pública, la inversión en salud y el pago de los salarios de otros trabajadores del sector público. Aunque lo prometió Sheinbaum en su campaña, ahora se da cuenta que una cosa es prometer y otra es cumplirlo. Por eso, las finanzas públicas federales tienen que acudir a la deuda y no pueden cumplir los chantajes de la CNTE.

En 2025, el gasto federal en pensiones, superando el costo de la deuda. Es una bola de nieve que crece cada vez más, pues hay más pensionados que personas en activo que generen riqueza. Investigadores del CIDE proyectan que la mayor presión financiera ocurrirá entre 2032 y 2034 por la jubilación masiva bajo la Ley 73. Analistas de Banamex señalan que el factor demográfico y las pensiones no contributivas reducen el margen de financiamiento para 2026. En un escenario seguro de que MORENA gobierne este sexenio y al menos otro más, hasta 2036, le estallará al próximo Presidente, el cohete en las manos. Endeudarán seguramente más al País, pues por ideología, seguirán cediendo a presiones, hasta que “el de atrás, pague”.

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