¿Los 12 mil millones de pesos que Guanajuato ha invertido en empresas de Seguritech en los últimos años han dado buenos resultados para los ciudadanos? Los números fríos dicen que, desde la primera contratación del proyecto Escudo, nuestro estado pasó a ser el que registra más homicidios dolosos en la historia reciente del país.

Como los números del proyecto Escudo fueron un misterio desde su creación en 2013, nunca supimos si existió una correlación entre las cantidades invertidas y los resultados. Tal vez cualquier guanajuatense pueda dar la respuesta tras revisar las palabras del gobernador Miguel Márquez Márquez, quien explicó sus metas en 2014: “Hicimos de esto una prioridad porque sabemos que las familias guanajuatenses merecen vivir en paz. Sabemos que en nuestro país atravesamos un momento complejo en materia de seguridad. Guanajuato no está ajeno a ello”.

Durante todo el sexenio de Juan Manuel Oliva hubo 3 mil homicidios dolosos, un promedio de 1.4 homicidios diarios; en el de Miguel Márquez Márquez aumentaron a 9 mil 700, un promedio de 6.1 homicidios diarios. La cifra se cuadruplicó a pesar del proyecto Escudo y de las grandes inversiones de Guanajuato en tecnología con Seguritech. El sexenio de Diego Sinhue Rodríguez fue fatal: 22 mil 600 homicidios dolosos, la cifra más alta registrada por cualquier estado en la historia del país desde la Revolución.

Al final del sexenio le dije a Diego Sinhue que tenía un estado de 10, pero no de calificación, sino de número de ciudadanos asesinados a diario durante su sexenio. Si esa fue la peor tragedia que hemos vivido, hay otra no menos dolorosa: la de las personas desaparecidas. De eso no tenemos cifras exactas.

El gasto del gobierno no solo aumentó en contrataciones con Seguritech, sino también en la Fiscalía, antes Procuraduría de Justicia, y en la Secretaría de Seguridad. Los presupuestos se cuadruplicaron al ritmo del crecimiento de la violencia; sin embargo, no hay un estudio puntual, que se haga público, sobre su impacto real en los resultados de lo que hoy llamamos “paz pública”.

Porque no solo se necesitan recursos materiales y humanos para cambiar el rumbo de la seguridad pública; es indispensable la voluntad y la fe de que podemos mejorar. Tampoco es válido vivir en una “Pax narca”, como sucedió en Sinaloa. Ese estado, que hoy está en llamas, vivía con menos violencia que Guanajuato, pero su tranquilidad descansaba en acuerdos del gobierno con el cártel local. Ese equilibrio se quebró a raíz del enfrentamiento entre los chapitos y los mayitos. Han pasado casi dos años desde el secuestro de Ismael Zambada y Sinaloa aún vive la guerra intestina de lo que fue el cártel más importante de México.

Los ciudadanos no tenemos la obligación de ser expertos en seguridad. Es una materia muy complicada en un lugar y en un momento como el que vivimos en el país. Por fortuna, los datos de Guanajuato indican un mayor esfuerzo por parte de las autoridades. Por lo menos, se han reducido los homicidios dolosos de 10 a 6 al día en promedio.

Otros estados, como Coahuila, pueden presumir de haber regresado del infierno de la violencia a la paz. El resultado de las elecciones de ayer confirma que el PRI obtendrá la victoria en todos los distritos. Mucho del triunfo se debe a que su tierra se convirtió en una de las más seguras del país. (Continuará)

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