Visité Venezuela en seis ocasiones y me duele hoy su tragedia por los terremotos. Aunque fueron perdiendo la cultura de prevención y de hacer construcciones más resistentes, -pues el último terremoto grande fue en 1900-, en la historia habían registrado más. Pero hace grandes a los pueblos su resiliencia frente a la desgracia. Recuerdo que, en Caracas, visité la casa de los Palacios Blanco (así se apellidaba la familia de la mamá de Simón Bolívar) y fui a una plaza donde hay una inscripción enorme en piedra con unas potentes palabras del Libertador. Tras el devastador terremoto de Caracas el 26 de marzo de 1812, Simón Bolívar pronunció una célebre frase: “¡Si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca!”. En medio de la lucha de independencia, la naturaleza desató su energía en la enorme falla geológica que atraviesa el País. Bolívar exclamó estas palabras en esa Plazuela de San Jacinto ante el caos y la desesperación, respondiendo directamente a los sacerdotes realistas que aprovechaban la tragedia para manipular a la población diciendo que el sismo era un “castigo divino” por haberse rebelado contra la Corona española.
El impacto militar y político que tuvo ese terremoto en la Primera República de Venezuela, fue terrible y sepultó militar, política y psicológicamente a la naciente República. El sismo alteró por completo el curso de la guerra de independencia a través de tres frentes principales: la destrucción militar inmediata por la pérdida de guarniciones, pues el sismo destruyó los principales cuarteles de las fuerzas republicanas en ciudades clave como Caracas, La Guaira, Barquisimeto, Mérida y San Felipe. Además, las bajas en el ejército patriota, con miles de soldados revolucionarios que murieron aplastados por las estructuras de los cuarteles antes de poder entrar en combate. Y también, la pérdida de armas, pues gran parte del armamento, municiones y pertrechos militares quedó enterrado bajo las ruinas, dejando a los patriotas indefensos. Los españoles tuvieron la ventaja geográfica y estratégica pues no sufrieron bajas.
Pero al final, la independencia ganó, y aunque muerto Bolívar y los países liberados peleando entre sí, la vida del Libertador tuvo sentido. Bolívar, quien luchó por la independencia y atravesó los Andes con su ejército, era indomable. La icónica frase se convirtió en un símbolo histórico de determinación y firmeza ante la adversidad y más ahora es necesaria, cuando el País apenas salía de la crisis por la caída del Dictador Maduro y de las negociaciones de su gobierno provisional con los Estados Unidos. Venezuela es un País maravilloso por su naturaleza y por su gente. Merece un futuro mejor. Tanto, como cuando logra su independencia de la corona española y construye un País en medio de ecosistemas maravillosos y de la búsqueda de su identidad por haberse formado con migrantes europeos y teniendo las mayores reservas de petróleo del mundo. La ayuda internacional será enorme y la cantidad de muertos crecerá. La reconstrucción será larga y será difícil diferenciar lo imputable a la catástrofe económica que dejó Maduro y el impacto de los terremotos recientes.
Con cinco millones de venezolanos en la enorme diáspora que provocó el colapso económico del chavismo. No será fácil, pero aún con su crisis política y los terremotos, el pueblo venezolano saldrá adelante. Toca solidarizarse y ayudar en estos tiempos de desgracia para ellos. Las emergencias son ahora atendidas por países que, como México, acudieron a dar ayuda. Sin infraestructura para estas circunstancias, paulatinamente, se activará la economía. Los enormes edificios que caracterizan a la hermosa Caracas, serán arreglados y las muertes serán un recordatorio de que la madre naturaleza es violenta, pero que el carácter de los seres humanos, como decía Simón Bolívar, siempre es más grande que las desgracias.