Los antiguos griegos hablaron de “átomos” que, por definición, son partículas indivisibles. Durante siglos se pensó que los átomos eran solo una ficción hasta que experimentos químicos realizados por Dalton y otros científicos, mostraron que podían ser fácilmente explicados a partir de la llamada hipótesis atómica.
Posteriormente a partir de experimentos de carácter eléctrico realizados por Thomson, se mostró la existencia del electrón y por tanto, la idea del átomo pasó de ser una simple conjetura a una propuesta con evidencia experimental.
Esta evidencia fue contundente cuando los experimentos de Rutherford en Inglaterra mostraron que efectivamente había núcleos atómicos alrededor de los cuales giraban electrones. Poco después se descubrió que los supuestos núcleos atómicos puntuales de Rutherford en realidad estaban formados por otras partículas llamadas neutrones y protones.
A finales del siglo pasado se descubrió que los protones y neutrones en realidad están formados por otras partículas llamadas quarks. Como vemos, la historia de la ciencia nos muestra que partículas que originalmente se pensaba que eran indivisibles, en realidad llegaban a ser divisibles.
Como hemos visto, esto pasó con los átomos que se encontró que estaban formados por núcleos y electrones.
Y también ocurrió con los núcleos que están formados por protones y neutrones. Y finalmente también ocurrió con los protones y neutrones que están formados por quarks.
Sabemos que otras partículas como los electrones y los fotones son realmente indivisibles. Sin embargo, recientemente se anunció la publicación de un artículo por un grupo noruego de investigación (ver: I.C.O. Rukan, J. Gulla and J. Skaar, “Truncated photon”, Physical Review Letters. In press, 2026. doi: 10.1103/94pm-hp34) que habla precisamente de partir o romper fotones. La idea es simple y encantadora.
Dado que un fotón puede también ser descrito como una onda, entonces podemos imaginar la onda que corresponde a un fotón que incide en un espejo pero al llegar a la mitad, de modo repentino (y casi tan rápido como la velocidad de la luz) quitamos el espejo.
Esto producirá, razonando simplemente, que la mitad del fotón se refleja en el espejo y la otra mitad (cuando el espejo fue retirado) alcanza a pasar. El resultado por tanto es haber partido un fotón en dos. El análisis detallado a partir de la mecánica cuántica de este problema muestra que el resultado sería la creación de una multitud de fotones. El número de fotones sería infinito si el espejo se remueve a una velocidad infinita y cualquier otra velocidad dará como resultado un número finito de fotones.
¿Cuál es la utilidad de esta investigación? ¿En que podrá aplicarse? Los autores del trabajo responden que intentar responder a esas preguntas abre un muy amplio espacio para la especulación.