Publico justo 15 años después, este artículo publicado en AM: “La vida nos premia poniendo los sueños de penitencia “canta Nacha Guevara (“Para cuando me vaya, 1996). La insistencia-terquedad ciudadana por el cuidado del agua tiene algunas veces su recompensa cuando la autoridad tiene sensibilidad y pone su voluntad para hacer realidad buenas ideas. Esta semana Ricardo Sheffield hizo algo que – confieso- pensé no haría realidad por más que lo pusimos en su plan de gobierno el equipo al que nos convocó: iniciar el sueño que tuvimos de “sembrar agua”, de infiltrar agua de lluvia para recargar los mantos freáticos, y además gracias por la invitación que me hizo para ver que se hizo realidad este jueves. Les diré por qué: proteger el Valle de Señora y su principal recurso, el agua, no es solo asunto de coherencia en nuestra vida diaria, sino -en el caso de un plan de gobierno-, de nuevos paradigmas para plantear los problemas y resolverlos.
Hay dos grandes enfoques: trabajar para explotar más las aguas subterráneas (mantos freáticos) y atender la demanda de los usuarios que pagan, o trabajar obsesivamente en la cultura y tecnología para reciclarla, para recargar los mantos subterráneos, castigar con altas tarifas los altos consumos e incentivar al ahorrador. Sería la diferencia entre ser “minero” (el que busca agua y la explota) y ser “sembrador” de agua (el que tiene poca agua y la infiltra). Son dos enfoques diferentes; nada que ver lo uno con lo otro. Con el primer enfoque se buscan fuentes externas en otras cuencas (el Zapotillo hoy y mañana San Luis Potosí); el segundo enfoque es interno, de autosuficiencia, de reducción de pérdidas, de reciclamiento, de cultura. En el primero, el presupuesto está en presas que traen de lejos el agua; en el segundo está en fideicomisos de ahorro y uso eficiente, en cultura de ahorro, en tecnología de reciclamiento y en pequeñas represas de captación que guardan el agua como se pretende hacer en “La Loma”, con apoyo técnico del Instituto de Geofísica de la UNAM y por medio de Sapal, para infiltrar el agua y recargar los mantos freáticos.
En el mundo, países como Israel y España han hecho de su necesidad, de su escasez de agua, un negocio, una pujante industria; dominan las patentes sobre el agua, becan a sus jóvenes para estudiar carreras de futuro (ingeniería del agua, geología, ingeniería hidrológica, ambiental, ingeniería química, etc.), venden servicios ambientales sus empresas, arman plantas de tratamiento a domicilio y no andan construyendo enormes presas… León se convertirá en un desierto si no incrementamos la velocidad de infiltración del agua de lluvia. El desierto de San Luis se acerca; los remolinos de viento se incrementan; el periodo de lluvias de reduce a 8 semanas, la humedad relativa es menor, crecen las “islas de calor” y el incremento de la temperatura en el pico de junio se acerca a los 36 grados.
Este es el nuevo, el indispensable enfoque: la solución sustentable al problema del agua en León no está en la mancha urbana, sino en la sierra; no en explotar más el subsuelo, sino cuidar la parte alta de la cuenca donde comienza el ciclo del agua, donde el bosque forma nubes. Por eso, estos días lluviosos solo vemos pasar el agua de lluvia; 70 % de ella se va por nuestro Río de los Gómez, pues perdimos la capacidad de retener el agua en la sierra y tener humedad en el suelo, reforestar, “sembrar”, retener erosión. Bueno, la propuesta de gobierno de Ricardo Sheffield en cuestiones de agua se basa precisamente en esa innovación: “sembrar agua”; vienen seguro (confío en que Ricardo lo cumpla) un parque tecnológico, armar el fondo mixto municipal de investigación; crear la licenciatura de ingeniería del agua, atraer talentos de otras latitudes, y hacer del aprovechamiento del agua una industria. En el evento del jueves, en la “siembra del agua”, vi a muchos de mis exalumnos de la UTL del área de tecnología ambiental conducidos todos por Rosy Sánchez, gerente de Calidad del agua de Sapal, su maestra y amiga; los vi contentos por lo que hacen por la ciudad. Todos ellos son fruto de una licenciatura que parecía utópica y que no era fácil iniciar y sostener y me llenaron de vida al verles ahora dando su aporte para “sembrar agua”.
Ahora, 15 años después, la asociación civil Agua y Bosque, presentamos esta semana a Sapal el proyecto de “sembrar agua”, cambiando el paradigma de invertir solo en infraestructura de extracción de agua, sino en la infiltrar en la Sierra de Lobos por medio de “servicios ambientales” y con una campaña de donación voluntaria en el recibo de Sapal para que la ciudadanía invierta en la solución de largo plazo: cuidar el “tinaco de la ciudad” donde inicia el ciclo del agua, donde con árboles se forman nubes. Esa es la solución de largo plazo para León. Ojalá que lo logremos.