Felicito a un gran periodista que hizo escuela aquí en AM en el periodismo de investigación. Raúl Olmos recién publicó el libro “Huachicol Fiscal: La madre de todas las estafas” publicación comercializada por Editorial Grijalbo. Su libro desenmascara el mayor desfalco financiero registrado en la historia moderna de México, una evasión de 600 mil millones de pesos, una cifra equivalente a cuarenta veces el desfalco de SEGALMEX. Este trabajo periodístico y otros más, provocan en mí, una enorme desilusión por lo que muchos creímos, sería un gobierno diferente, con personas diferentes. Pero la 4T creada por AMLO resultó peor que el pasado del PRI-AN que queríamos enviar a la historia política y contra quienes como pudimos, luchamos hasta que salieran del poder, pues eso fue el motor del movimiento del 68.

No hay manera de “ocultar el sol con un dedo”. “Todos los negocios jugosos que se hacen en el país llevan el visto bueno del Presidente”, como lo decía Andrés Manuel, que nos convenció a muchos incrédulos de que él sentaba las bases de una nueva moral pública. No fue así. La estrategia de involucrar a las fuerzas armadas y a ex priistas y a sus hijos, en el manejo de los recursos adjudicados directamente y sin mecanismos de control, creó condiciones para que se diera en México el llamado “huachicol fiscal”. Mientras el gobierno federal presumía el fin del robo de combustible en los ductos, una red de corrupción mucho más sofisticada y mortal, perforaba las finanzas del Estado: el “huachicol fiscal”, mecanismo monumental de un fraude internacional que permitió la evasión de millonadas de dinero entre 2018 y 2025, el mayor desfalco del que se tenga registro en los 205 años de historia nacional y canalizado a las campañas políticas de Morena.

Todo lo que la 4T criticó, lo amplificó con mecanismos sofisticados en las mega obras públicas. Pero el mecanismo del “huachicol fiscal” fue tan obscuro como efectivo y consistió en disfrazar millones de litros de diésel y gasolina como aditivos, aceites o químicos diversos en las aduanas controladas por las fuerzas armadas, para no pagar impuestos y después venderlo. La investigación de mi estimado Raúl, a quien siempre admiré en su trabajo periodístico aquí en AM, se basó en los expedientes judiciales, testimonios, confesiones de “testigos protegidos” y documentos financieros, para desentrañar este enorme negocio que se desató durante el sexenio de AMLO, bajo la protección de altos mandos navales, funcionarios portuarios y con las redes de poder del Palacio Nacional.

Me duelen el afecto al poder y al dinero que revivió la 4T. El efecto en el erario de las redes de corrupción que crecen en el gobierno federal. Esquemas como el “huachicol fiscal”, se revelan en el libro, desde los buques en Tampico hasta los negocios de las redes de los hijos de AMLO. Como lo califica Raúl, quien fuera profesor en la Escuela de Periodismo de la Universidad Meridiano, es la captura del Estado por parte de la delincuencia de “cuello blanco” que se protege con impunidad. Raúl plantea que mientras el discurso oficial del gobierno de AMLO celebraba el fin del robo físico de combustible en los ductos (el huachicol tradicional), las finanzas públicas eran saqueadas en forma invisible a través de las aduanas con un fraude no requiere perforar tuberías, sino falsificar documentos de comercio exterior falsificando mercancía.

La infraestructura para este delito se planteó con la reforma energética de Peña Nieto, que otorgó masivamente permisos de importación a particulares y empresas fachada. Pero el verdadero “boom” del huachicol fiscal ocurrió cuando la administración federal cerró los ductos de Pemex para combatir el robo físico, provocó un desabasto que incentivó a los grupos delictivos y redes empresariales a crear un negocio hacia la importación fraudulenta por aduanas para abastecer el mercado interno. Basado en redes empresariales y la complicidad del Estado. El texto de Raúl subraya que este fenómeno operado con redes de profesionales especializados en finanzas, derecho aduanero y comercio exterior que crearon empresas fantasma, con aduanas controladas por marinos corruptos. 

La investigación se sustenta en expedientes judiciales, testimonios y documentos internos y revela que las autoridades mexicanas poseían diagnósticos exactos y semanales con las aduanas involucradas, rutas y nombres de los implicados, pero no se hizo algo, con “cinismo absoluto” como lo califica el texto que documentan nexos entre las empresas proveedoras de este combustible y los empresarios del entorno familiar de los hijos de AMLO. Pobre País con estos, que nos robaron la ilusión de un gobierno diferente.