El 1 de julio el INE dio vida política a la organización “Somos México”, al otorgarle su registro como partido político. Así hizo posible el anhelo de muchos mexicanos que dieron apoyo al surgimiento de una esperanza.
Tras la contundente derrota presidencial de 2024 la oposición quedó en estado cataléptico, sin narrativa, sin liderazgo y, sobre todo, sin capacidad para entusiasmar a la ciudadanía. En ese vacío político intenta abrirse paso Somos México.
Cuando los partidos abandonan sus principios, dejan de representar los valores de sus electores y terminan administrando intereses antes que ideales. Eso es, precisamente, lo que buena parte de la sociedad percibe que ocurrió con la oposición tradicional.
El PRI, bajo la conducción de Alito, terminó por perder identidad, bases sociales y credibilidad. El PAN tampoco salió mejor librado… Su pacto con el PRI y el PRD confundió a su electorado y proyectó la imagen de un partido dispuesto a sacrificar sus principios con tal de conservar espacios de poder. Mención aparte merece MC, que conserva su consonancia y avanza, pero lentamente.
El resultado fue una oposición envejecida, predecible y atrapada en sus propias contradicciones. La desconfianza hacia los partidos, el reciclaje permanente de figuras desgastadas y casos que dañaron la credibilidad de gobiernos panistas, han profundizado el desencanto. No es casual que intentos anteriores por construir nuevos partidos, encabezados por personajes como Margarita Zavala o Juan Manuel Oliva, terminaran fracasando, porque ellos son parte del descrédito.
Es precisamente ese vacío el que intenta llenar Somos México. Su origen en la llamada Marea Rosa le proporciona una identidad inicial: la defensa de las instituciones democráticas y de los contrapesos constitucionales. No nace desde el poder, sino desde un movimiento ciudadano que logró movilizar a miles de personas preocupadas por el rumbo institucional del país. Ahora, su principal desafío será convencer a la sociedad de que no constituye simplemente un refugio para políticos, deshechos de la política.
Figuras como Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto, Enrique de la Madrid y Carlos Navarrete aportan experiencia y una larga trayectoria en la vida pública. Sin embargo, la incorporación interesada de otros integrantes del Consejo, como Carlos Medina y Gustavo Madero, panistas activos, pero sin futuro, son desechos de la política que proyectan una imagen de oportunismo y falta de congruencia. El reciclaje y la doble cachucha opacan el brillo del nuevo partido ciudadano.
Si Somos México aspira a consolidarse como una auténtica alternativa política, tendrá que abrir espacios reales a ciudadanos sin militancia partidista, jóvenes, empresarios, académicos, líderes sociales y perfiles regionales capaces de renovar el discurso opositor y construir una opción distinta frente al oficialismo y a los partidos tradicionales del país. Si termina reproduciendo las viejas cuotas de poder o convirtiéndose en un instrumento de negociación entre grupos políticos, nacerá envejecido.
Tampoco sería conveniente que, en sus primeros pasos, busque alianzas con otros partidos. Hacerlo significaría perder buena parte de la identidad que pretende construir. Muchos de sus simpatizantes buscan precisamente un contraste con esos partidos. Convertirse en un satélite electoral equivaldría a traicionar el origen mismo de su proyecto.
Al mismo tiempo, la irrupción de Somos México representa un desafío para los partidos opositores existentes. Quizá no les arrebate millones de votos de inmediato, pero sí puede disputarles algo igual de importante: la narrativa de conciliación, un país diferente y mejor. En las elecciones de 2027 no estará obligado a conquistar gobiernos; le bastará con demostrar que tienen propuestas, puede competir, conservar su registro, formar cuadros y construir su propia imagen.
Si Somos México no consigue articular una narrativa distinta, cercana a las preocupaciones sociales y alejada de las élites partidistas, el oficialismo tendrá argumentos suficientes para reducirlo a una simple franquicia del pasado.
Por salud política la democracia necesita contrapesos efectivos. Los nuevos partidos no se juzgan por su discurso fundacional, sino por su capacidad para mantenerse fieles a sus principios cuando aparecen las primeras tentaciones del poder.
Somos México nace con una oportunidad excepcional y una advertencia igualmente clara: puede convertirse en el aire fresco que necesita la oposición mexicana o terminar oliendo a viejo, exactamente igual que aquello que pretende reemplazar. La diferencia dependerá menos de su nombre que de su congruencia en el actuar.