“Todo esto no nos acerca a comprender por qué los nuevos propietarios del zoológico de 60 Minutes desalojan hoy a sus preciados tigres periodísticos, aparte de ‘somos dueños, así que podemos’. Todo esto conduce ineludiblemente a acusaciones de timidez política ante Trump”.
Apenas un párrafo de un análisis del Columbia Journalism Review sobre los recientes despidos en el exitosísimo programa 60 Minutes.
Tienen razón: los despidieron porque pudieron… y ya.
De otra forma no se entienden las razones.
Porque en medio de la enorme presión que sufre la TV tradicional, 60 Minutes es un oasis: sigue siendo muy rentable y, por ejemplo, en el último año su audiencia semanal creció 9%. Más de 9 millones de personas sintonizan y devoran su programa cada 7 días. Ah, y el año pasado tuvieron 2,500 millones de vistas en línea… ¡creciendo 190%!
Pero no importa.
Porque puedo… y ya.
Larry Ellison y su hijo David, por cierto cuatachos de Donaldo J. Trump, están corriendo a medio mundo: 3 corresponsales (de 7 en total, son los tigres periodísticos), la productora ejecutiva (la mera mera), otro productor y un editor. Ah, y aparte se retiró un corresponsal más.
Adicionalmente, los nuevos jefes que llegaron por órdenes de Bari Weiss, la directora editorial de CBS News, son bastante inexpertos.
Scott Pelley, el corresponsal más antiguo del programa (37 años y ganador de más de 50 Emmys), confrontó en una junta a Nick Bilton, el nuevo e inexperto productor ejecutivo.
Desmadre total.
Pues cómo no, Pelley es un tigre y sacó sus garras. Con duros argumentos cuestionó las razones de la carnicería: ¿acaso es para quedar bien con Donaldo? Gritos y sombrerazos… encabritadísimo, Bilton salió de la junta, no sin antes decir: “no me intimidas, Scott”.
Al día siguiente lo demostró: despidió a Pelley.
Porque pudo… y ya.
No cabe duda que despedir a alguien es una de las acciones que más demuestran poder en una organización.
Precisamente por eso es que hay que ejercer con mucho cuidado esta máxima expresión de autoridad.
¿Cómo hacerlo bien?
Antes que nada, evitando decidir bajo emociones fuertes. Terrible idea despedir a alguien al estar enojado.
Ahí hay que aplicar el proverbial: cuenta hasta 10.
Dejar que pase el enojo.
Y luego evaluar con precisión: ¿cuáles eran los objetivos del puesto? ¿Se comunicaron adecuadamente? ¿Cómo se midieron? ¿Se tomaron medidas correctivas? Ah, y también cuestionar: ¿qué tan buen trabajo hizo el jefe o jefa?
Porque muchas veces el problema es dual.
Y, bueno, a veces el problema es el jefe mismo.
Tal como pasa en CBS News y 60 Minutes.
Hicieron todo mal. Es un programa exitoso con personas exitosas. Está bien querer cambiar. Pero te propongo algo: ante el éxito y la experiencia el cambio debe de ser concienzudo. Deliberado. Bien planeado y mejor ejecutado.
Exactamente lo contrario a como actúan Bilton y Weiss, que ¡hacen absolutamente todo al revés!
Imagínate, antes de la junta polémica, Bilton mandó un email al staff de 60 Minutes donde les decía que ya no estaban en la década de los 60 y que la gasolina ya no costaba 30 centavos el galón, para explicarles después “amablemente” (ironía de Pelley) que las cosas tenían que cambiar.
Porque puedo… y ya.
En este espacio se ha defendido hasta el cansancio la necesidad de cambiar en la era de la disrupción. El que no cambia, muere.
También se ha advertido sobre el peligro del éxito y la arrogancia que siempre lo acompaña. Arrogancia que ciega y que tantas veces prepara epitafios corporativos de otrora exitosísimos productos o empresas.
Eso es cierto.
Pero ejercer el poder “porque se puede” es garantía de fracaso.
El poder debe ejercerse cuando se requiera hacerlo y, sobre todo, debe ejercerse de forma inteligente.
De otra forma, el que pudo en el pasado quizá no pueda en el futuro.
Posdata. Craso error de Inglaterra echarse para atrás para defender el golecito. Sorry, pero Argentina no es México. Lo pagaron caro. En el papel, España debería ganar. Pero algo tiene Argentina (y no es el apoyo de FIFA… ja, ja, ja). Creo que se coronan. Veremos.
En pocas palabras…
“Espero que 60 Minutes siga siendo 60 Minutes”.
Anderson Cooper, en su último segmento como corresponsal.
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