Se ha vuelto habitual hablar del incremento en el comercio sin darnos cuenta de que sucede en un momento complejísimo en la relación con Estados Unidos. Más allá del monto, las cifras muestran el cambio en la mezcla de lo exportado y lo importado. Aquí algunos datos que intentan dimensionar lo que está sucediendo.

En el primer semestre del año, las exportaciones mexicanas —conforme a las cifras publicadas ayer por el Inegi— sumaron 389,723 millones de dólares, 25% más que el año anterior. Las importaciones, por su parte, fueron de 379,866, mostrando un avance de 22%. El superávit comercial —sin connotación positiva o negativa— fue 9,857 millones de dólares. Solo en junio, la balanza comercial fue 4,089 mdd, con ventas al exterior de 72,551 mdd, un incremento de 34%.

Esas cifras se dan en un entorno comercial incierto, pero del que México ha sabido beneficiarse al mantener la ventaja arancelaria relativa. Es decir, con todo y que Estados Unidos decidió no extender el TMEC por otros 16 años y mantener revisiones anuales —decisión que puede cambiar en cualquier momento— y a pesar de que los aranceles se volvieron el instrumento cotidiano de la negociación, el comercio crece a tasas pocas veces vistas.

Las cifras del Inegi muestran que el impulso viene de las manufacturas eléctricas y electrónicas. Vale la pena desglosar un poco más ese renglón. Según un reporte de S&P Global Market Intelligence, en el semestre México exportó 82,900 millones de dólares en servidores informáticos —el equipo que alimenta los centros de datos— frente a 74,800 mdd en automóviles y autopartes. Los 8,100 mdd de diferencia marcan el momento en el que un nuevo sector rebasó al que definió nuestra identidad exportadora en el último par de décadas. En 12 meses, esas ventas, las correspondientes a electrónicos, crecieron 172.1%. De ellas, 94% fue a parar a Estados Unidos.

La composición de la balanza comercial está cambiando frente a nuestros ojos y representa una oportunidad que México no debería dejar pasar. El nearshoring está reviviendo, pero no de la manera en la que lo imaginábamos hace unos años cuando el término estaba de moda.

Algunos temas en los que hay que poner el ojo. México le ha comprado a Taiwán en lo que va del año cerca de 36 mmdd, un incremento de más de 230% frente al año anterior. Buena parte de lo que exportamos, lo importamos primero. Agregar valor debe ser la prioridad.

El consumo eléctrico de los centros de datos, según S&P Global, podría más que duplicarse entre 2026 y 2030. La red que tiene México en este momento apenas alcanza para la demanda actual. Sin mayor capacidad energética, no habrá manera de capturar esa ventana de oportunidad.

¿Qué hacer para que este ciclo comercial deje algo más que aduanas rebasadas? De entrada, habría que replantearse el monopolio estatal en la distribución y transmisión eléctrica. Es momento de abrirse a esquemas diferentes de inversión, no hay demasiado tiempo para pensarlo antes de que la ventana se cierre.

Lo demás, ya lo conocemos. Certidumbre para la inversión. Agregaría un componente adicional: asertividad. Que el gobierno se atreva a proponer y a aceptar esquemas distintos que permitan a México detonar inversión. El tiempo apremia.

@ValeriaMoy 

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