En México se repite que el fuerte incremento en el salario mínimo es el gran logro económico de la 4T. Estoy en desacuerdo. El objetivo no debe ser que los trabajadores ganen más por decreto, sino darles herramientas para producir más, agregar más valor y ser mejor remunerados de manera duradera.
La productividad crece con educación, capacitación, inversión en bienes de capital, tecnología e infraestructura. Es menos rentable políticamente, pero es el único camino sostenible. Incrementar salarios muy por encima de la productividad tiene consecuencias. Una ha sido empujar empresas y trabajadores hacia la informalidad lo que lleva a que miles pierden prestaciones, capacitación y acceso a crédito. El alza salarial también eleva cuotas al IMSS, Infonavit y otras prestaciones. En una economía estancada, acosada por el fisco y por el crimen organizado, muchas pequeñas empresas huyen a la informalidad para sobrevivir.
La pregunta es: ¿qué relación queremos entre trabajo, esfuerzo, gobierno y bienestar? Los mexicanos son trabajadores. ¿Por qué los queremos hacer dependientes del Estado? ¿Cómo convencimos a tantos de que el empresario que arriesga su patrimonio para crear riqueza y empleos es el enemigo?
Estados Unidos enfrenta otra versión del mismo problema. Nicholas Eberstadt advirtió desde 2016, en Men Without Work, sobre el aumento de hombres en edad de trabajar fuera del mercado laboral no por falta de empleos, sino porque ni siquiera los buscan. Hoy suman 7 millones. Al mismo tiempo, faltan cientos de miles de soldados, electricistas y plomeros. La inversión en centros de datos e infraestructura para inteligencia artificial agravará esa escasez. Sobran empleos mientras millones no quieren trabajar.
Si EU carece de trabajadores, ¿por qué Trump le cierra las puertas a la inmigración? Buena pregunta para otra columna. Hoy preguntemos por qué tantos dejaron voluntariamente de participar en el mercado laboral. Muchos jóvenes se quedan en casa de sus padres, pasan el día frente a pantallas y no tienen interacción social o sentimental. Redes sociales, pornografía y otros sustitutos ofrecen gratificación sin asumir los costos de la vida adulta. Con IA el problema crecerá y el impacto social será devastador. (En México se estima que 70% de los recursos para Jóvenes Construyendo el Futuro se gasta en tiempo aire).
Hay otro problema político. Mientras la derecha populista rechaza la migración y protege industrias con aranceles, la izquierda les dice a los jóvenes que son víctimas de un capitalismo opresor y de injusticias históricas —racismo, discriminación— que determinan su presente. Desde extremos opuestos, ambos les dicen que su fracaso es culpa de terceros.
Algunos jóvenes abrazan propuestas cada vez más radicales. Repiten consignas ignorantes —“from the river to the sea”— y apoyan a candidatos que plantean abolir fronteras, policías o prisiones. Muchos graduados de carísimas universidades privadas denuncian al capitalismo y apoyan que el Estado se apropie de medios de producción o enajene propiedad privada. Lo hacen desde carísimos teléfonos inteligentes que resumen décadas de innovación e inversión privada.
El denominador común con el aumento al salario mínimo es una cultura política que reparte los frutos de la productividad sin ocuparse de generarla; que habla mucho de derechos y poco de obligaciones; que sospecha de quien emprende, mientras convierte la dependencia en virtud.
Necesitamos reconstruir una sociedad en la que el esfuerzo vuelva a ser la norma y el gobierno se concentre en salud, educación, seguridad e infraestructura, dejando que las empresas hagan lo que a éste no le toca y hace mal.
Una sociedad decente debe proteger al enfermo o discapacitado. Pero la hamaca que premia al vago es otra cosa. La meritocracia no es siempre justa. El punto de partida jamás será parejo. Pero es peor dejar de premiar trabajo y talento. Dejar de hacerlo elimina la desigualdad al homogeneizar mediocridad y resignación.
La prosperidad no se decreta ni se reparte antes de producirla. Se construye. Y para construirla, alguien tiene que trabajar.
@jorgesuarezv