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Cuando Vicente Fox anunció  al final de los noventa que lucharía por “sacar al PRI de Los Pinos”, pocos le hicieron caso. El entonces gobernador de Guanajuato dedicó todo su tiempo y esfuerzo a construir una candidatura dentro del PAN. Fue incansable y afortunado. Un lenguaje sencillo, con ideas precisas sobre el cambio y la ilusión de la gente por un futuro sin el PRI, contribuyó a su éxito. 

A los 84 años vuelve a la carga; ahora quiere que la oposición se una para rescatar la democracia y la pluralidad en el país. Su presencia en el PRI, junto a su líder Alejandro Moreno (Alito), generó opiniones adversas, incluso con sorna por parte de la presidenta Claudia Sheinbaum. Pero la intuición de Fox es la correcta: la oposición dividida no tiene posibilidad de recuperar terreno para quitarle la mayoría calificada a Morena en el Congreso de la Unión. 

Quienes se mofan o subestiman a Vicente por su edad o por su lenguaje ofensivo están equivocados. Bien dicen que el diablo sabe más por viejo que por diablo. Fox tiene perfecta lucidez. El PAN y Movimiento Ciudadano deben escuchar la verdad, esa que pregona Alito todos los días. Jorge Maynez, líder de MC, lo desprecia, al igual que los miembros puristas del PAN. Algunos medios afines al gobierno calificaron la visita de Fox al PRI, con corbata roja, como una entrega. La circunstancia de hace 26 años no es la misma. El mejor presidente que ha tenido México,  Ernesto Zedillo, respetó la alternancia y colaboró en la construcción del camino hacia la democracia mediante la separación de poderes e instituciones autónomas como el INE. 

La paradoja es que hoy el PRI no es el problema para la oposición sino la oportunidad de construir un frente amplio que pueda competir con Morena y sus aliados. El partido oficial, el que vino a sustituir, en métodos y costumbres, al viejo PRI, podría gobernar durante décadas si no encuentra una competencia coherente, tal como el ex partidazo lo hizo durante 71 años. La lucha de Fox no es por el PRI ni por el PAN ni por ningún partido en particular, sino por el restablecimiento de la pluralidad y la democracia. Podría estar en casa disfrutando del recuerdo de sus viejas luchas y triunfos, pero sabe que algo falló en los tres primeros sexenios desde la alternancia. Ahora quiere dar su resto por la democracia que él inauguró. Lamentamos las críticas desde el poder por su edad y la de otros líderes. Es una clara muestra de intolerancia y discriminación. Burlarse de los viejos no es sabio. 

Tomemos un ejemplo sencillo: en Nuevo León el PAN y el PRI unidos pueden ganar la elección a Movimiento Ciudadano, cuyo gobierno de Samuel García se ayudó de Morena para no ser llamado a cuentas por la enorme corrupción durante su mandato. El PAN propone unirse al PRI sólo cuando le convenga. Eso es un error. El PRIAN, como la presidenta Sheinbaum lo llama despectivamente, tiene que ir a cada lugar con los candidatos más competitivos, para que la oposición pueda evitar que Morena tome todas las decisiones y conserve todo el poder desde el Legislativo. 

Si los escándalos en Morena siguen, no sería difícil que perdieran entre 5 y 10 puntos en las elecciones de 2027. Con un frente amplio de la oposición, Morena no la tendría tan fácil.

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