Con la magnífica herramienta que significa la red de internet, localicé un texto del 11 de septiembre de 2011, en el que a 10 años de los ataques terroristas a las Torres Gemelas de Nueva York, el reportero Cruz Loera escribió la historia de Manuel Campos-Galván, abogado chihuahuense que emigró a Nueva York desde 1994, promovido al igual que otros amigos por una firma de abogados litigantes de Ciudad Juárez, González y Vargas y González Bras.
Esto me hizo recordar que visité la ciudad en abril de 1980 y en junio de 1981, acompañando a mi abuela, Rosa Ávila, para tramitar la entrega en su beneficio de los fondos que tenía en bancos su hermano Martiniano Ávila, fallecido en aquella urbe.
Fascinado por Manhattan, también experimenté el ambiente de inseguridad que prevalecía en la ciudad en aquella época, antes de la implementación de las políticas de seguridad de Rudolph Giuliani.
Dos días después de haber llegado tuve que llevar a mi abuela al piso 64 de la Torre II o Dos del World Trade Center, para obtener un certificado. Subimos por los elevadores exprés, primero hasta el piso 60, y después en un elevador que iba de cinco en cinco pisos, para concluir en unas escaleras eléctricas, entre pisos. ¡Qué locura! En ese entonces eran las Torres Gemelas los edificios más altos del mundo.
En esa misma visita de 1980 aproveché para saludar a mi amigo de la facultad, Ricardo Díez, quien realizaba sus prácticas en un despacho neoyorquino, tal como solían hacer muchos estudiantes y recién egresados de Derecho de la UNAM. Estuve con él unas horas en su oficina y luego lo invité a comer. Ricardo eligió el World Trade Center y fuimos a un restaurante tipo buffet en el piso 60 -más modesto que el famoso “Ventanas al Cielo” del piso 110-, donde comimos, platicamos a gusto y nos despedimos.
A finales del otoño del año 2000 volví al World Trade Center, de nuevo a la Torre II, pero al piso 39, para entrevistarme con unos abogados que asesoraban a mi cliente y amigo el Sr. Juan Pablo Fox. Allí solicitamos los servicios del bufete Thacher Proffitt & Wood, S.C., donde nos asignaron al abogado mexicano Manuel Campos-Galván. El asunto legal en contra del Sr. Fox se resolvió felizmente el 15 de junio de 2001, y a finales de ese mismo mes recibimos la notificación formal, poquito más de dos meses antes del trágico día.
Volviendo al texto de Cruz Loera, en su artículo de 2011 nos comparte que localizó a Manuel Campos-Galván en Miami, y le relató que su despacho se encontraba en el piso 39 con vista al sur en la Torre Dos y que el lunes 10 de septiembre de 2001 instruyó a su secretaria que tendrían mucho trabajo y estarían hasta muy tarde en la oficina, porque iba a ser postulado por sus colegas el martes siguiente para presidir la Barra de Abogados en la ciudad y tendría que acudir a un curso de capacitación: “Ese día terminamos cerca de la 1:30 de la madrugada”, se dirigió a su hogar sin agenda, portafolios, chequera, porque más tarde regresaría a su oficina y todo lo dejó encima del escritorio. Nunca pensó que esa jornada tan extensa le salvaría la vida.
Continúa el relato de Campos-Galván indicando que el martes 11, sin la preocupación de llegar temprano a la oficina por las horas extras laboradas la noche anterior, se despertó más tarde de lo que acostumbraba, pero ya todo estaba consumado, las Torres Gemelas habían sido destruidas.
Allí fue donde también nosotros desde aquí pensamos en quién conocíamos en Nueva York; Juan Pablo Fox y su servidor nos acordamos de Manuel Campos-Galván, quien laboraba en una de las Torres Gemelas, pero ya nunca pudimos comunicarnos, pues solo contábamos con el teléfono (212) 912-7400 del despacho Thacher Proffitt & Wood, S.C. Nunca más supimos de él, hasta ahora que encontré el artículo que les comento.
Por lo que respecta a la Firma de Abogados Thacher Proffitt & Wood, S.C., solo puedo referir a los amables lectores que se trataba de una firma fundada desde 1848, la cual en la cúspide de su progreso llegó a abrigar a 365 abogados con oficinas en seis ciudades importantes -incluyendo la Ciudad de México- cuando sus oficinas sede ubicadas en los pisos 38, 39 y 40 de la Torre Dos del World Trade Center fueron derruidas el 11 de septiembre de 2001; tardó más de dos años para volver a instalarse, cerca de la misma zona, la firma llegó a estar clasificada entre las doscientas mejores, pero el daño ya estaba hecho y a fines del año 2008 cien abogados, incluyendo cuarenta socios, abandonaron la firma para irse a la competencia con Sonnenschein, Nath & Rosenthal.
El 23 de diciembre de 2008 la gestión de la empresa anunció oficialmente su disolución (Wikipedia). Actualmente he visto que mantiene algunas oficinas para asesoría y trámites fiscales y comerciales por el rumbo de Cuajimalpa en la Ciudad de México, no sé si se rescató la firma o la integraron nuevos socios.
Localicé entre los expedientes de mi archivo el antecedente con la correspondencia original y el documento enviado por Thacher Proffitt & Wood, S.C., desde Nueva York fechado el 22 de junio de 2001 con el domicilio “Two World Trade Center New York, New York 10048, (212) 912-7400 Facsimile: (212) 912-7751.”
Seguramente uno de los pocos testimonios de la correspondencia que se generó desde las oficinas de esos edificios ahora históricos alrededor del mundo, el cual poseo como un recuerdo de aquella jornada histórica.