Afrodisio Pitongo, galán concupiscente, obtuvo de Dulciflor, muchacha ingenua, la dación del íntimo tesoro de su doncellez. Al terminar el trance la joven le dijo a su labioso seductor: “Te he entregado mi virginidad. ¿Qué puedo esperar de ti?”. Aventuró el cínico sujeto: “¿Un recibo?”. (Desgraciado). Al volver de la reunión de parejas doña Jodoncia le comentó a su marido: “Qué mal educada es Panetela. Bostezaba continuamente mientras yo estaba hablando”. Don Martiriano se atrevió a aclarar: “No estaba bostezando. Abría la boca para tratar de decir algo”. El empleado de la ventanilla le preguntó a la mujer: “¿Su nombre?”. Respondió ella: “Clorentina Patané”. El empleado se volvió hacia el hombre: “¿Y el suyo?”. Contestó el tipo: “Loretelo Patané”. Inquirió el de la ventanilla: “¿Alguna relación?”. Replicó la mujer: “No últimamente”. En el Bar Ahúnda un borracho lanzaba gritos de borracho. Le dijo al cantinero: “Estoy celebrando el Día de la Independencia”. Acotó el barman: “El Día de la Independencia ya pasó”. “De mi independencia -precisó el beodo-. Mi mujer se fue de la casa”. No me gusta hacer propuestas. Las que hago son pospuestas, o no obtienen respuesta. Una hice, sin embargo, la más importante de mi vida, y venturosamente fue aceptada. Hablo de aquella en la cual le propuse matrimonio a la amada eterna una semana después de haberla conocido. Fue en el inolvidable Café Tena, de Saltillo, con una malteada ella -tenía 17 años- y un café yo, de 24. Me aceptó, increíblemente, y el Misterio hizo que esa hermosísima mujer de alma de luz y amoroso corazón embelleciera ni vida, y la iluminara, durante 60 años. Sin ella he caminado a tientas los demás. Pero advierto que he tomado un rumbo muy distinto. Lo que quiero proponer es que la arenga del Grito del 15 de septiembre se sujete a una fórmula solemne, a fin de evitar que esa proclama quede sometida al caprichoso arbitrio de presidentes de la República, gobernadores y alcaldes, que la componen y descomponen a su antojo, según la coyuntura política del tiempo o sus preferencias personales. En cierto pueblo el alcalde recién llegado al cargo dio el Grito ante una multitud entusiasmada. Sus vítores a los héroes de la Independencia fueron coreados por clamorosos vivas. El fervor de la muchedumbre era tal que el munícipe añadió a los próceres de la insurgencia los de la Reforma, y luego los de la Revolución. A cada nombre seguía un “¡Viva!” más y más fervoroso. Prosiguió el edil con Cárdenas y Alemán. Se volvió luego hacia el secretario del Ayuntamiento y le pidió con urgencia: “¡Échame más, cabrón! ¡La raza está caliente!”. La ceremonia del Grito, y el Grito mismo, no deben obedecer a circunstancias de ocasión o eventualidades pasajeras, sino a un homenaje entusiasmado, pero respetuoso, a los héroes que nos dieron patria en los términos de la tradición. Lo demás es política. Dije mal: es politiquería, demagogia, oportunismo. Aun así, por sobre todas las cosas, y siempre, ¡Viva México!… En compañía de los salvajes el famoso explorador Burtonio daba vueltas en una frenética danza en torno del palo al que estaban atadas su mujer y su suegra. Le dijo ésta a su hija: “Ya no me cabe ninguna duda: tu marido es un traidor”. La esposa del dueño del restorán le sugirió: “Si le pones un nombre francés a la sopa de huitlacoche podrás subirle el precio”… Al regreso de la escuela Pepito les dijo a sus papás: “La clase de Biología estuvo hoy muy interesante. Y una cosa les voy a decir: si siguen creyendo eso de las abejitas, los pajaritos y las florecitas, se van a llevar una sorpresa muy grande”. FIN.
Mirador
Por Armando FUENTES AGUIRRE.
San Virila hace milagros sin querer.
Eso lo incomoda, pero los milagros se le salen de la bolsa.
El otro día, por ejemplo, iba a granizar. El granizo habría arruinado las cosechas, y la gente padecería hambre. El frailecito hizo un ademán, y el granizo fue a caer a miles de leguas de distancia, en el desierto del Sahara. Los beduinos se maravillaron al ver aquel fenómeno, desconocido para ellos, que pintó de blanco las arenas.
Otro milagro un poco más pequeño hizo San Virila. El gatito de una niña subió a un árbol y no podía bajar. El santo tendió una escala hecha de luz, y por ella descendió el minino,
San Virila es opuesto a los milagros. Dice que alteran el orden natural. Pero nada puede hacer para evitarlos. Tampoco puede contener los estornudos. Por la noche, secretamente, reza:
-Señor: hazme el milagro de que ya no pueda hacer milagros.
¡Hasta mañana!…
Manganitas
Por AFA.
“. Después de dos años se celebró el Grito en Culiacán.”.
Lo diré en términos parcos.
Las fiestas de Independencia
se efectuaron con licencia,
en Culiacán, de los narcos.