“¿Qué es la libertad de expresión? Sin la libertad de ofender no existe”.
Salman Rushdie
La decisión la tomó la Comisión de Quejas del Instituto Nacional Electoral en una sesión “extraordinaria urgente de carácter privado” el pasado 21 de septiembre. Los consejeros votaron por censurar a Alejandro Moreno, al PRI y a “diversas personas identificadas públicamente como dirigentes, legisladoras, militantes o vinculadas con dicho partido político, por la difusión de publicaciones en redes sociales y un promocional pautado para radio y televisión que a juicio del denunciante contienen expresiones presuntamente calumniosas”.
La censura se aplica a “diversas publicaciones en las que se vinculó a Morena con expresiones como ‘narcogobierno’, ‘narcopartido’, ‘narcoestado’, ‘narcopolíticos’, ‘mafiosos’, ‘cómplices de los cárteles del crimen organizado’ y “morenarcos”, ‘cártel de Morena’ y otras de contenido equivalente, acompañadas de imágenes, videos, entrevistas, comunicados institucionales y demás recursos audiovisuales dirigidos a reforzar esa imputación”.
La esencia de la política en una democracia es la libre expresión y debate de las ideas. Cuando se aplica la censura, sobre todo para proteger de la crítica al gobierno y a los partidos en el poder, la democracia se extingue. Yo no sé si Morena es un narcopartido o si la 4T es un narcogobierno, pero el tema debe discutirse, no ocultarse.
No podemos cerrar los ojos ante el hecho de que el presidente Donald Trump de Estados Unidos ha declarado en la Asamblea General de las Naciones Unidas que México es “el epicentro de la violencia de los cárteles de la droga”. Tampoco podemos olvidar que el gobierno de México se ha negado a detener con fines de extradición a 10 políticos de Sinaloa, miembros o relacionados con Morena, que han sido imputados en Nueva York por presuntos vínculos con el narcotráfico. El gobernador con licencia de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, uno de los acusados, quien según la imputación fue apoyado por el cártel de Sinaloa para ganar la elección de 2021, fue aclamado en octubre de 2024 por los legisladores de Morena en el Congreso que corearon “No estás solo”. Hay buenas razones para hablar de un narcopartido o de un narcogobierno.
Tanto el régimen como Morena pueden presentar argumentos de que no son cómplices del narco. La presidenta Sheinbaum y el secretario de seguridad Omar García Harfuch han presentado información que señala que, aunque no lo diga su retórica, México mantiene la guerra contra las drogas. Entre el 1 de octubre de 2024, cuando empezó el sexenio, hasta el 30 de agosto se han asegurado 534 toneladas de droga, principalmente cocaína, metanfetaminas y fentanilo; han sido detenidas 67,200 personas vinculadas a delitos de alto impacto y 207 líderes de la delincuencia organizada; y se han desmantelado 2,725 centros de producción de drogas sintéticas. El gobierno de México no solo sostiene el combate contra las drogas, sino que lo hace con más ahínco y mejores resultados que el de Estados Unidos. El mismo Trump dijo en la ONU sobre México: “Ellos tampoco quieren a los cárteles”.
Sin embargo, una cosa es presentar argumentos y otra muy distinta censurar a la oposición, como está haciendo el INE. La penetración del narco en la política mexicana es uno de los temas más relevantes de las elecciones de 2027. Censurar a quienes cuestionan al gobierno o al partido hegemónico por tener lazos con el narco es mutilar el proceso democrático desde la raíz.
Impunidad
Tiene razón la presidenta Sheinbaum: “Es muy difícil vivir junto a un país que tiene un nivel tan alto de consumo de drogas”. Este consumo genera la demanda para el narcotráfico. Sin embargo, no tiene razón cuando añade: “Es muy difícil vivir junto a un país que tiene tanta producción de armas”. Las armas son legales en Estados Unidos y están prohibidas en México, pero nuestro país es mucho más violento. El problema no son las armas sino la impunidad.