Terca, sin querer ver la realidad que se impone. Política que, como muchos, niega la realidad que refleja la incapacidad de resolver el problema, nuestra brillante Presidenta, la siempre comprometida con las causas de las mayorías, se aferró al igual que AMLO, a “querer tapar el sol con un dedo”.
El cierre del Seguro Popular y la estrategia de concentrar el sistema de compras, las estúpidas y fatales decisiones de AMLO de su mega farmacia, de sus farmacias portátiles, de crear el Insabi, todo fallido, todo, se junta a esta realidad de un modelo centralizado que atentó contra a millones de seres humanos a los que, en teoría, se deben.
Desde el inicio del gobierno de la Cuarta Transformación en 2019, la población con carencia por acceso a los servicios de salud en México se duplicó, pasando de 20.1 millones de personas sin cobertura en 2018 a un rango de entre 44.5 y 50.4 millones de personas según las mediciones oficiales del INEGI.
La enorme crisis financiera del gobierno federal hace crecer el problema. No todo se puede resolver contrayendo deuda. El problema surge por todos lados: no hay dinero, se politiza la salud con dirigentes leales pero sin perfiles médicos. Esto es miserable. No hay nada más cruel que los datos de que la economía familiar debe dedicar mayor porcentaje de su ingreso a enriquecer a las empresas privadas, ante el fracaso del sistema de salud.
La crisis del sector salud se caracteriza por el desabasto crónico de medicamentos, la falta de insumos médicos, la saturación de hospitales y recortes presupuestales que han reducido el gasto público en salud a cerca del 2.5% del Producto Interno Bruto (PIB), por abajo del 6% recomendado por la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Son millones de pacientes en el IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar los que enfrentan carencias de fármacos básicos, tratamientos oncológicos y material quirúrgico, obligándolos a pagar tratamientos en farmacias privadas. De acuerdo con un análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP), el presupuesto total para salud ha sufrido contracciones severas, disminuyendo los recursos per cápita para la población sin seguridad social.
Además, existe una escasez de médicos y especialistas (con un promedio de 1.7 médicos por cada 1,000 habitantes, frente al estándar de 3.2 de la OCDE), además de quirófanos sin uso por falta de equipo o mantenimiento. ¿De qué sirven los apoyos sociales si deben canalizarse a la medicina y a las farmacias privadas? Por las deficiencias del sector público, gran parte de la población recurre a consultorios y hospitales privados, afectando la economía familiar. Esto es mezquino, doloroso; las cifras son reales.
Nuestro estado de Guanajuato vive una realidad adicional frente a la crisis del sector salud federal. Tenemos un excelente sistema de salud estatal independiente y sólido (no adherido al modelo federal IMSS-Bienestar). A diferencia de la mayoría de los estados, Guanajuato decidió mantener el control de sus servicios de salud estatales a través de la Secretaría de Salud de Guanajuato, que brinda atención médica gratuita a más de 3 millones de personas sin seguridad social a través de una red de más de 630 unidades médicas distribuidas en los 46 municipios del estado. El sistema estatal mantiene niveles superiores de calidad, surtimiento de recetas y cobertura por arriba del promedio nacional.
Es grave lo que presenciamos en el sector salud federal. Centralizaron compras y los hospitales IMSS sufren en todos los estados. Las marchas del personal del IMSS en todo el País refleja el tamaño del problema y de la herencia maldita que dejó AMLO. En Guanajuato, debido a las largas listas de espera y al desabasto en el IMSS o el ISSSTE, miles de derechohabientes federales optan por acudir a los centros de salud y hospitales generales estatales, para recibir consultas o estudios urgentes. Esto genera una presión externa que comienza a sobrecargar las salas de espera e infraestructura del sistema de Guanajuato.
Claudia quiere hacer una gira nacional. Se expondrá a que le gritemos la realidad: el sector salud desde la desaparición del Seguro Popular, es una crisis que clama al cielo.