LA GRAN PREGUNTA en este momento es quién sustituirá a Guadalupe Taddei al frente del INE. De manera emergente se tiene previsto un breve interinato de alguna de las consejeras o consejeros actuales del INE. Si la Cámara de Diputados demora su decisión de nombrar a quien sustituya a la sonorense, el interino o la interina designada no serán meramente simbólicos.
LA CÁMARA deberá designar a alguien que asuma por completo la presidencia para los seis años que le quedan al periodo de Taddei. Y ahí es donde se pone difícil la cosa. La sonorense llegó en un proceso manejado al antojo de la 4T, especialmente de AMLO, que incluyó el uso de la dichosa tómbola. Así nos fue.
AHORA el gobierno de Claudia Sheinbaum tiene la posibilidad de cambiar las cosas y pensar en una presidencia del INE que no dé gusto a un partido, sino que otorgue certeza y confianza a todo el electorado. Para eso se requiere estacionar la aplanadora legislativa y tejer un acuerdo político con la oposición, por pequeña que sea. ¿Recordarán en San Lázaro cómo se hace eso? Es pregunta.
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LAS INDAGATORIAS en el INE no pueden paralizarse ahora que dimitió Taddei. Hay suficientes elementos para presumir e investigar faltas administrativas y delitos reales. Lo que se ha descubierto tanto por la UIF como por la ASF lleva a operaciones simuladas, acciones de factureras y lavado de dinero. Nada más y nada menos.
LA PERMANENCIA de Taddei al frente del INE se volvió insostenible para ella y para el régimen morenista, pero su salida no resuelve el problema de fondo, que es la descomposición de la estructura del instituto, que hasta hace poco era uno de los organismos que más confianza generaban entre las y los mexicanos.
Y NO ESTÁN bajo la mira solo operaciones de hace años, sino también las más recientes como las de la credencial de elector que generó sospechas por la forma en que se decidió.
DEBERÁ haber resultados pronto de esas pesquisas para dejar en claro que la salida de Taddei no fue una venganza política, sino la respuesta a situaciones delicadas en el INE.
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MÁS VALE TARDE que nunca. La salida del secretario de Gobierno de Jalisco, Salvador Zamora, anunciada ayer, ocurre dos semanas después de las protestas en Guadalajara en reclamo por agua limpia y que concluyeron con golpizas a manifestantes y desmanes de encapuchados. El lío interno tomó a Zamora, el encargado de la gobernabilidad, de vacaciones en Europa y antes que regresarse se fue de España para Italia.
DICEN QUE no estaba muy contento con ese asunto el gobernador Pablo Lemus, quien al parecer se tomó su tiempo y decidió cortar por lo sano con una herencia de Enrique Alfaro. A ver ahora cómo restablece Lemus la operación política. Por lo pronto ya dio un manotazo sobre la mesa.