Cambiar la cultura del retroceso

Podríamos esperar al fin del sexenio para contrarrestar los efectos nocivos de un cambio de cultura en el país.

Avatar del

Por: Enrique Gómez Orozco

Podríamos esperar al fin del sexenio para contrarrestar los efectos nocivos de un cambio de cultura en el país. Lo que se enseña desde el púlpito mañanero cala hondo en la visión que tiene buena parte de la población respecto al mérito, las aspiraciones, la cultura y hasta la ciencia. 

La deformación comenzó por la destrucción del aeropuerto de Texcoco, siguió con el tope de los ingresos de los funcionarios de alto nivel, comenzando por el del Presidente. Toda muestra de prosperidad, inversión limpia como los aerogeneradores, destilerías de cerveza o participación privada en la producción de petróleo fue estigmatizada. Empresas admirables como Bimbo se convirtieron en “ladronas” de la CFE cuando sus cientos de miles de empleados y directivos van por el mundo creando riqueza y prosperidad. 

Los resultados de la contracultura del mérito, el esfuerzo y la autosuficiencia se sienten ya  en el rezago económico. El último trimestre del año fue una sorpresa, incluso para el subgobernador del Banco de México Jonathan Heath. Azorado, sólo atinó a decir que no esperaba una reducción del crecimiento de un -0.2%. 

Deberíamos estar celebrando la recuperación como lo hacen Estados Unidos y Canadá, nuestros principales socios comerciales. Cada mes los analistas financieros bajan el estimado de crecimiento para el año. Al finalizar 2021 estaremos mucho peor que en diciembre del 2020, cuando vino el cambio de sexenio. Cierto que la epidemia nos pegó duro pero lo único que jala la carreta es el modelo neoliberal. El tratado desarrollado por Carlos Salinas de Gortari logra que la vida no sea tan miserable como sería con un modelo estatista estilo Manuel Bartlett. 

El problema es que no podemos esperar a cambiar la narrativa de la 4T, tenemos que comenzar ya. ¿Cómo contrarrestar las ideas equivocadas sembradas todos los días sobre el origen del bien y del mal? El valor es la no aspiración (la mediocridad); la inmoralidad de quien sabe, quien aprende y destaca en las mejores universidades del mundo es porque ahí “les enseñaron a robar”. Ser científico es más peligroso que pertenecer a un cártel del narcotráfico porque te pueden clasificar como delincuente organizado y terminar en el penal de Almoloya. 

Triunfar es fracasar; el mérito individual es malo; casarse con fiestas como las bodas de Canaán es motivo de expulsión del paraíso moral de la 4T. Son tantas las aberraciones: “preferible 90% honestidad y 10% capacidad”. Y luego crear indiscriminadamente asistencia social hasta para quienes no la necesitan, distrayendo los escasos recursos del presupuesto. ¿Cómo hacer para cambiar el discurso donde datos ciertos son negados como contradecir que 2+2 son cuatro? 

Sabemos que la refinería de Dos Bocas será un costosísimo elefante blanco a la luz de la transformación energética que vive la humanidad. Al Tren Maya no habrá quien lo mantenga después del sexenio y Santa Lucía jamás dará el resultado que hubiéramos tenido con el hub en Texcoco. ¿Cómo vencer a la sinrazón con la razón? ¿Cómo explicar que la clase media es la fortaleza social más grande de un país? Ese es el reto más formidable. 

Hay que volver a los valores de un pragmatismo democrático donde prevalezca la utilidad pública sobre todas las cosas. Principalmente restablecer el estado de derecho y la paz en todo el territorio nacional. También debemos regresar a la verdadera atención de los más pobres convirtiéndolos en mexicanos educados y productivos como lo logró Ernesto Zedillo y crecer al 7% como terminó el último año de su sexenio. Será una tarea gigantesca pero no imposible. 

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?