Ciencia y no obediencia

Una marcha de estudiantes, exalumnos y profesores del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) avanzó el sábado por las calles de la CDMX coreando, “un dictador no será nuestro director”.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Una marcha de estudiantes, exalumnos y profesores del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) avanzó el sábado por las calles de la CDMX coreando, “un dictador no será nuestro director”. A ellos se unieron otros estudiantes del Colegio de México (Colmex), el ITAM y la Ibero. Personajes de la talla del historiador Jean Meyer participaron y encabezaron el reclamo público. 

Iban a las oficinas del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) porque desde ahí les impusieron a un nuevo director, José Antonio Romero Tellaeche, a quien no quieren. Antes, Mauricio Merino, distinguido investigador, había dado uno de los discursos más duros contra el presidente López Obrador en la Feria Internacional del Libro en Guadalajara, al acusarlo de que calumniaba a las instituciones de educación superior como el CIDE.

Detrás de todo hay una lucha desde el Gobierno para incidir ideológicamente en las instituciones de mayor prestigio en el país, ya sean públicas o privadas. El CIDE vivía en paz, preparando a los mejores investigadores sociales, con un 80% de sus maestros en la punta del conocimiento. Lo ha dicho abiertamente el Presidente desde sus mañaneras. Según su óptica la UNAM, el CIDE, la FIL y la Universidad de Guadalajara se derechizaron y perdieron su vocación de atención al “pueblo”.

La directora del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla, quien impuso a Romero Tellaeche, fiel a la ideología de la 4T, negó dialogar con los miembros del CIDE. Con una postura intransigente, provocó la toma del edificio de la institución en Santa Fe y generó una revuelta que puede tener consecuencias mucho más graves si no retira a su designado. 

En el centro de investigación hay unos 400 alumnos, entre licenciaturas y maestrías. Es minúsculo comparado con la UNAM, el Politécnico Nacional o cualquier universidad estatal. No obstante, al querer someterlo con un director identificado con los duros de la izquierda en el poder, rompen la pluralidad que es armonía y equilibrio para la institución. El tema es la ciencia y no la promoción ideológica del partido en el poder. 

Los de Morena pueden agredir al Instituto Nacional Electoral (INE), pueden lastimar a los organismos autónomos, maltratar a la clase media e insultar a empresarios distinguidos, pero atacar a la inteligencia académica del país es una estupidez. El CIDE está considerado el mejor centro de educación en economía de México. Compite con el ITAM, el Tec de Monterrey y la propia UNAM. 

Con las “benditas redes” en un momento pueden encender la chispa del descontento en esta época de crispación y penurias. Un gobierno casi sin contrapesos puede encontrar en los “aspiracionistas” estudiantes a quienes lo enfrenten de verdad. Para Morena es una desgracia perder a quienes votaron por ese partido en su mayoría. La sed de cambio y la repulsión causada por el último sexenio del PRI llevó al poder a López Obrador. Un divorcio con los más ilustrados porque no se someten a la obediencia ciega de “estás con el movimiento o contra él”, puede causar millones de bajas en la próxima elección presidencial. 

Las universidades son cajas de resonancia del país. En ellas siempre hay un espíritu rebelde respecto a la autoridad, a la imposición, a lo viejo y conservador. Es la naturaleza de la juventud. Dictar al director fue un error; pedir obediencia en lugar de ciencia, despertará los espíritus un tanto adormilados de las universidades.  (Continuará)

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