Imposible ir contra el mercado

Si queremos ver la primera lección de por qué la contrarreforma eléctrica no tiene pies ni cabeza, sólo hay que ver lo que pasó con el gas.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Si queremos ver la primera lección de por qué la contrarreforma eléctrica no tiene pies ni cabeza, sólo hay que ver lo que pasó con el gas. El Gobierno quiso culpar a las empresas y distribuidores del aumento. Se inventó una empresa y además impuso topes de precio. 

El precio del gas natural rondaba los 2.6 dólares el MMBTU (unidades térmicas) en abril. Ayer cerró en 5.38, el doble. México importa la mayor parte de lo que consumimos, por lo  tanto Pemex y los importadores tienen que repercutir el precio a menos que el Gobierno tome dinero del presupuesto para subsidiarlo. 

Al controlar los precios apretaron a los distribuidores independientes de la CDMX, limitaron sus ingresos y hoy están al punto del paro. El negocio ya no les da y están llamando a otros gaseros de varios estados para que se unan a sus demandas. La lección sencilla es que los precios no se pueden controlar por decreto a menos que saquemos dinero de Hacienda para subsidiar consumos. 

Los malos de la historia no fueron los gaseros sino los mercados internacionales. En Europa temen un frío invierno y hay un conflicto entre Alemania y Estados Unidos porque Rusia -adversario de EU- plantea un gasoducto para surtir a Europa. Además el petróleo subió de precio hasta los 80 dólares por barril, y por su volatilidad, podría elevarse aún más. Antes las subidas del petróleo daban oxígeno a las finanzas públicas nacionales. Ya no tanto porque somos importadores netos de energía. 

Nuestro paisano Ricardo Sheffield conoce bien de mercados y entiende que lo peor sería el desabasto. Lo que menos necesita la Federación es un conflicto más donde la gente no tenga con qué cocinar o prender su calentador. 

La industria tendrá que repercutir el aumento en sus precios y será difícil controlar la inflación convertida ahora en un fenómeno mundial. La volatilidad de los precios también es un fenómeno de ajuste a la salida de la pandemia. Se rompieron cadenas de suministro; faltaron microprocesadores que disminuyeron la fabricación de autos que a su vez incrementó el precio de los vehículos usados. 

José Ángel Gurría, un mexicano sabio que presidió la OCDE, dice que el remedio para los precios altos, son los precios altos. Desde el ajuste en el consumo (la gente cuidará más el gas y la gasolina), hasta la invitación de los mercados a los productores para que ganen más dinero ofreciendo más producto. La OPEP, los gaseros de Texas o de Catar, tendrán incentivos para producir más y subir la oferta. Los economistas creen que precios altos en la energía, acelerarán la transición a energías limpias, que ahora son mucho más baratas que los combustibles fósiles.

Un ejemplo sencillo: un calentador de agua solar elimina más de la mitad del consumo en un hogar mexicano promedio. Seguro que es un buen momento para los productores de calentadores solares. Un amigo me comentaba que en lugar de llenar cada mes su tanque, ahora lo hace cada 75 días porque instaló uno en su casa a un costo de 7 mil 500 pesos. No se necesita ser financiero para saber que en menos de 24 meses se paga la inversión. El mundo de la energía va hacia el sol, el viento, el hidrógeno y las baterías. 

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