La inversión más rentable

Cuando los datos son precisos y se recaban con profesionalismo como lo hace el INEGI o las instituciones de países desarrollados, los números no mienten.

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Por: Enrique Gómez Orozco

Cuando los datos son precisos y se recaban con profesionalismo como lo hace el INEGI o las instituciones de países desarrollados, los números no mienten. Vaclav Smil, un investigador canadiense nos lleva de la mano por 71 historias que “ayudan a comprender el mundo moderno” en su último libro que lleva el nombre de “Los números no Mienten”.

Smil publica un libro actualizado en noviembre del 2020 sobre temas de salud, energía, desarrollo y bienestar. Una historia que vale la pena para reflexionar lo ocurrido en México desde que llegó la vacuna contra el COVID el 24 de diciembre pasado. Se trata de “El mejor retorno a la inversión: la vacunación”.

Después de contabilizar las ventajas de la vacunación que es una práctica universal para prevenir difteria, tétanos, polio o meningitis, otitis y neumonía (las tres últimas causadas por la Influenza tipo B), ahorra 44 veces el monto del gasto público invertido. La práctica es poner una dosis a las seis semanas del nacimiento; otras dos en las semanas 10 y 14. Cada vacuna “pentavalente” cuesta menos de un dólar. Cada infante vacunado previene las posibilidades de infección entre sus compañeros.

Smil investigó los rangos de costo-beneficio de todo lo que implica la infraestructura de salud y concluyó que era la mejor inversión que cualquier país podría hacer en salud pública. La fundación de Bill y Melinda Gates financió el estudio. Los números fueron presentados a Warren Buffett, el mayor aportador a la fundación después de la familia Gates. Warren de inmediato comprendió el rendimiento de sus inversiones en salud y aumentó sus aportaciones para ayudar a los países más pobres en el logro de la vacunación universal de sus niños. Qué mejor destino para la inmensa fortuna de “El mago de Omaha”.

Ayer teníamos registrados 269 mil decesos en México y 12 mil en Guanajuato. Pero esos son datos oficiales. Estimaciones de científicos indican otra realidad: medio millón de muertos por COVID. ¿Cuántos pudieron salvarse si la vacunación hubiera sido mejor administrada, si se hubiera involucrado a todos los sistemas estatales de salud, si no todo dependiera de un doctor que hoy es impresentable?

El ahorro en atención hospitalaria, en tratamientos posteriores y disminución de la atención a otros males hubiera pagado por lo menos 20 veces lo que se escatimó desde el principio en la compra de vacunas. ¿Cien mil, doscientos mil mexicanos perdidos por ineptitud y ahorros miserables?

Héctor Aguilar Camín comentaba ayer en su columna de Milenio que el primer ministro japonés Yoshihide Suga había renunciado por la terrible cuenta de 16 mil muertos en su país. Aquí le llevaron mariachis a López Gatell cuando terminó con sus apariciones vespertinas para “informar” cómo iba la pandemia. Tampoco les importa usar cubrebocas en público ni ajustarse a las medidas de salud pública decretadas para toda la población. Vimos a Gatell hablando por teléfono en un avión, disfrutando de la playa, despreocupado de los hospitales a tope y las miles de vidas que se perdían. Ayer murieron 1046 personas. Muchos de ellos jóvenes en plenitud de vida. Muchos no estaban vacunados y si vemos las curvas de aplicación, vemos que los picos fueron antes de la elección de junio y antes de la llamada consulta popular sobre la culpabilidad de los actores del pasado.

Los datos no mienten y aunque las autoridades digan que tienen “otros”, la realidad es que la tragedia sigue porque no hubo “misión cumplida” en la compra, distribución y aplicación de las vacunas. Ineptitud mortal.

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