Opinión

La isla y la península

Es difícil que un individuo sea congruente en todos sus actos y aún más que lo sea un gobierno. Sin embargo, si se honra a Revueltas, podemos exigir que los principios que valen para una isla valgan para una península.

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Por: Guillermo Cruz

Michel Houellebecq concibió un título tan sugerente que parecía inútil que le agregara una novela: La posibilidad de una isla. La imaginación le debe mucho a los espacios insulares. En mi libro De eso se trata escribí al respecto:

“En Las mil y una noches hay un archipiélago donde los archipiélagos son carnívoros y se alimentan de dedos".

Swift propuso novedosas geografías (para atracar en Laputa hay que usar correas: la isla flota en el aire). El abate François Loyer concibió la Isla Frívola, donde se crían caballos frágiles e inútiles que se aplastan con el peso más leve (para cultivar los campos, basta que las mujeres silben). En el Quinto Libro de Rabelais emerge la Isla de Odes; ahí las calles están vivas y se desplazan según su estado de ánimo. También Lichtenberg sintió la tentación insular; más próximo a Swift que a los escritores de aventuras, planeó una novela sobre Zezu, la isla superculta donde los profesores enseñan ‘sentido común’ y los estudiantes ‘viven abatidos’”.

La novela realista comienza con Robinson Crusoe, donde la arena sin nadie es un espacio de salvación y enseñanza. Otras islas han servido de presidio, según revelan los atormentados testimonios del costarricense José León Sánchez (La isla de los hombres solos), el francés Henri Charrière (Papillon) y el mexicano José Revueltas (Los muros de agua). 

Zona de confinación y aventura, última balsa de los náufragos, la isla representa una reserva cognitiva, la playa donde aparece el rastro de un extraño o donde un solitario descubre que ninguna huella inquieta tanto como la propia.

Hay que celebrar la afortunada decisión de que las Islas Marías se transformen en el centro cultural Los muros de agua en homenaje al escritor más encarcelado de México, José Revueltas. 

Consciente del poder de los símbolos, López Obrador construye una eficaz narrativa en la que desmonta códigos que se asocian fácilmente con la opulencia, los abusos y la represión. La apertura de Los Pinos como espacio público, la venta del avión presidencial y la resignificación del presidio de las Islas Marías del encierro a la libertad se inscriben en este discurso. 

Todo gobierno tiene luces y sombras. En la polarización que padecemos parecería que solo se puede estar completamente a favor o completamente en contra de AMLO. Nada más absurdo. Cuando participé en 2006 en San Ildefonso, en una reunión de artistas a favor de la primera candidatura a la Presidencia del político tabasqueño, dije:

“Un gobierno de izquierda debe ofrecer las mejores oportunidades para ser criticado”.

El análisis no es un acto de traición; pone a prueba las iniciativas y así las perfecciona. 

¿El mismo gobierno que revitalizará las Islas Marías arruinará la península de Yucatán con el Tren Maya? José del Val, director del Programa Universitario de la Diversidad Cultural y la Interculturalidad, señala oportunamente en Crónica:

“Que la Secretaría de Turismo esté asumiendo la responsabilidad del proyecto es absurdo, el Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas tiene que dar la cara”.

Y añade:

“¿Cómo voy a consultar a alguien si no tengo la información de lo que sucederá? ... No se ha hecho el estudio satelital LIDAR para saber qué hay debajo del trazo definido porque pueden existir ciudades [prehispánicas] y si es así, por ahí no puede pasar el tren”.

José Revueltas escribió dos obras maestras de la literatura carcelaria, Los muros de agua (1941) y El apando (1969), pero también se ocupó de los devastadores efectos del desarrollismo. El merecido tributo que se le rendirá en las Islas Marías debería extender sus efectos al país entero. Hacia el final de su vida, cuando se interesaba en los procesos de autogestión, Revueltas escribió:

“Nada nos puede servir más contra el capitalismo que un sentido de la comunidad”.

En la correccional de menores, las Islas Marías y el Palacio Negro de Lecumberri, el novelista perfeccionó sus nociones de justicia y libertad. Es difícil que un individuo sea congruente en todos sus actos y aún más que lo sea un gobierno. Sin embargo, si se honra a Revueltas, podemos exigir que los principios que valen para una isla valgan para una península. 

Impedir que Yucatán sea presa del despojo con un criterio empresarial es parte de la misma lógica que transformará los muros de agua en puentes para la comunidad.

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