Opinión

La muerte de los OPLES

Nuestro querido País es un mosaico de singularidades que no se ven en otras latitudes. 

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Por: José Luis Palacios

La muerte de los OPLES

La muerte de los OPLES

Nuestro querido País es un mosaico de singularidades que no se ven en otras latitudes. Nuestro mal diseñado sistema político ha transformado a la República en una repetición interminable de instituciones y trámites que dificultan y algunas veces, matan el crecimiento económico y, por tanto, el bienestar. Tenemos instituciones redundantes en todos los ámbitos: Institutos Nacionales de Planeación como el Inegi, estatales como el Iplaneg y municipales como el Implan y esto se repite para institutos de vivienda, para el ámbito de la salud, del turismo, de la infraestructura, de la educación, de la economía.

Se “bajaban” recursos federales al estado y de allí, al estado y de allí el municipio. Hay impuestos en los tres niveles de gobierno y mandos policiacos y de seguridad por triplicado. Se entorpecen los procesos para dar un servicio y deben coordinarse los tres niveles de gobierno para dar solución a las necesidades del ciudadano. No solo el gobierno con esto entorpece el fluir ciudadano, sino que estorba así de obeso. Nos rebotan en un trámite de un lado a otro de acuerdo a los “ámbitos de competencia”. El ciudadano entrega requisitos antes federales, ahora estatales y más tarde municipales. Las empresas no diferencian si la multa ambiental es federal, estatal o municipal. Si se construye una escuela, lo supervisan los tres niveles de gobierno y se generan triples contralorías. Y a esto se suman los numerosos Consejos donde los sufridos ciudadanos buscamos contribuir como Consejeros a simplificar los trámites participando en este galimatías tortuoso que es el Gobierno mexicano.

En este espacio por años, he escrito sobre el enorme costo burocrático que tiene nuestro querido País por tanta duplicidad de instituciones: las federales, las estatales y las municipales. Morena ha dado a conocer estos días su intención de proponer una reforma legislativa para que sea el INE (Instituto Nacional Electoral) la única instancia organizadora de elecciones. Esto precisamente es sobre lo que he escrito en este espacio repetidamente: duplicidad de casillas, de funcionarios, de procesos, etc.

La idea de Morena no es mala. Un ámbito real de estorbo y alto costo, han sido las elecciones. En este País folklórico, tenemos nada menos que ¡33 Institutos Electorales OPLES! (32 organismos públicos electorales locales y uno nacional) y aunado a ello, cargas burocráticas y operativas que requieren coordinación. El mayor absurdo: dobles casillas, dobles funcionarios, dobles Consejeros, dobles edificios, dobles coches, dobles todo. Caso único es el de México, como nuestros 500 diputados, como nuestros plurinominales, como las prerrogativas electorales por número de empadronados y no de electores. Todo hecho para lograr que los organismos puedan ser intervenidos y pierdan autonomía.

Librada la etapa en que la Comisión Federal Electoral era parte de la Secretaría de Gobernación federal hasta que se creó el IFE (Instituto Federal Electoral) como entidad autónoma para organizar el proceso electoral, inició la historia. Paulatinamente los partidos políticos intervinieron para la elección de los Consejeros Electorales y también para que los organismos electorales estatales siguieran existiendo a pesar de existir el IFE (sin ocultarse la influencia de los gobernadores en ellos). Con la mutación del IFE al INE (Instituto Nacional Electoral) parecía que se simplificarían las cosas y el carísimo proceso electoral sería más sencillo. Pero no. Solo se logró que los institutos electorales de los estados, así como sus Consejeros fueran elegidos con intervención del INE y la operación de los institutos quedó tanto en su normatividad como en su personal, casi intacta.

La desaparición de los organismos locales y la ampliación de las facultades del INE es inevitable, tanto como la reforma electoral para que se centralice -como en todo el mundo-, el proceso electoral. Hay un riesgo claro, eso sí, que, si la reforma considera el nombramiento por parte de la mayoría del Congreso, en la práctica, el INE y sus nuevos Consejeros serían aliados de Morena. 

Son muchos todavía los retos en el corto plazo: la reducción de prerrogativas a los partidos políticos, la disminución de los costos de las elecciones, la urna electrónica, la supervisión ciudadana de los gastos de campaña, la segunda vuelta electoral, los debates más flexibles, los candados para que los políticos no puedan ser candidatos ciudadanos en forma inmediata, el ampliar los esquemas de coaliciones, y todo lo que permita que la burocracia no acabe con el ánimo de la gente por votar. Pero esto pasa, inevitablemente, por tener en México, un solo organismo electoral, como los hay en todo el mundo.

*Director de la Universidad Meridiano
director@universidadmeridiano.edu.mx
 

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