Señal alentadora

El nuevo secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, es un experto en economía de 73 años, educado en Cambridge y con una larga trayectoria en la asesoría empresarial.

Avatar del

Por: Enrique Gómez Orozco

El nuevo secretario de Hacienda, Rogelio Ramírez de la O, es un experto en economía de 73 años, educado en Cambridge y con una larga trayectoria en la asesoría empresarial. Conoce desde dentro a las grandes empresas a las que ayudó a comprender el clima de negocios en México. 

En sus primeras declaraciones dijo tres cosas interesantes y alentadoras: no aumentarán los impuestos, simplificará los trámites fiscales para pequeños y medianos negocios y se acercará a los empresarios para incentivar la inversión. 

También dijo que seguirá el proyecto social del presidente López Obrador para disminuir la desigualdad y avanzar en que primero sean los pobres por el bien de todos. Un buen augurio es que tratará de entregar las ayudas por medio de tarjetas bancarias. Se dio cuenta del caos administrativo y la corrupción que ocasiona repartir dinero en efectivo a los ninis y adultos mayores. 

Ramírez de la O sabe que no habrá recuperación plena sin la vacunación universal. Si la tercera ola con la variante Delta nos pega como la segunda que sufrimos en enero, regresaríamos a una doble recesión, a la temida curva en W. La única preocupación es que siga la política de austeridad diseñada desde Palacio Nacional. 

El año pasado el Gobierno perdió la oportunidad de cerrar esa brecha de pobreza mediante apoyos directos a los desempleados y a las pequeñas y medianas empresas. La timidez de la intervención quedó marcada por préstamos de 25 mil pesos. Sabemos que el nuevo secretario tiene ascendencia moral con López Obrador y tal vez pudiera convencerlo de que en un clima recesivo, el Estado tiene que inyectar grandes cantidades de liquidez directa al consumo, como lo hacen todos los países desarrollados. 

La pandemia seca los tubos conductores de la economía. Eso sucedió en abril del 2020 y volvió a pasar en enero. Para que fluya todo, Hacienda y el Banco de México tienen que inyectar por lo menos el dinero equivalente a la caída de la economía (9% del PIB) o más. Lo comparo a una cisterna que tiene agua pero no puede salir porque la tubería está vacía. Lo que hacemos es “ponerle agua a la pichancha”, alimentarla para utilizar la capacidad instalada de producción. El propio Fondo Monetario Internacional sugiere que Hacienda intervenga con un proyecto fiscal expansivo. Eso significa aumentar el déficit y la deuda pública. Lo que antes  siempre prohibía. 

La austeridad es buena para remediar el dispendio y la burocracia, pero se convierte en veneno puro para los más desprotegidos, ya sea familias sin ingresos o pequeñas empresas que se quedaron sin clientes. Las familias tenían, antes de la pandemia, un promedio de dos semanas de ahorro. Hoy viven al día. 

En Estados Unidos sacaron la chequera del Tesoro Federal e inundaron la economía. El rebote fue más grande que el agujero inicial creado por el COVID-19. Hoy la oferta de empleo supera a la demanda en muchas partes del país vecino. Lo reflejan las remesas. 

El único pendiente es la inflación generada por ese cañonazo de 5 o 6 millones de millones de dólares que pusieron a circular. El aumento en el gas, por ejemplo, es parte de esa carestía importada. No es la codicia de los gaseros. La inflación en EU y en México van de la mano entre el 5 y el 6% anual, algo que nos daña más a nosotros porque aquí no se construyó una red de protección social aparte de los apoyos a adultos mayores y a jóvenes sin empleo. 

A Don Rogelio hay que desearle el mayor de los éxitos. 

Opinión

Opinión en tu buzón

Deja tu correo y recibe gratis las columnas editoriales de AM, de lunes a domingo

8am
En esta nota:

Y tú, ¿qué opinas?