Opinión

¿Y la Cheyenne, apá?

Espero que a la 4T no se le vaya a ocurrir legislar la felicidad, ¿cómo sería el artículo, seguro constitucional, que la describiría?...

Por: Redaccion AM

Espero que a la 4T no se le vaya a ocurrir legislar la felicidad, ¿cómo sería el artículo, seguro constitucional, que la describiría?... ¡No!, ni pensarlo, ojalá que no se les ocurra legislar la felicidad.

Sin embargo, el Presidente tiene muy claro lo que es la felicidad, señala textual: “la felicidad no es sólo acumular bienes materiales, dinero, fama, títulos, la verdadera felicidad es estar bien con uno mismo, estar bien con nuestra conciencia, con el prójimo, esa es la verdadera felicidad, no el lujo barato, la ropa de marca, las alhajas, la troca, eso es efímero”.

Ok, entonces si usted estaba pensando en regalarse un lujito o un lujote, usa ropa fifí, de esa que desborda las siglas por todos lados y es un frívolo amante de le bon vivant, estaría, técnicamente, transgrediendo el concepto de la felicidad en la 4T, o sea que para el nuevo régimen, en concreto, es usted un infeliz.

El presidente López dijo esto en el marco de su gira por Sinaloa, específicamente en la presentación de su programa de fomento a la lectura en donde estuvo presente Francisco, se las meto doblada, Ignacio Taibo II prometiendo libros, muchos libros de a diez pesitos, todos ellos, entiendo, con la calidad adoctrinadora del primero que reeditarán: Rafael Buelna y sus Caballerías de la Revolución, que nos enseña a amar la democracia caudillista.

En ese tenor, mala idea hubiera sido reeditar a Nietzsche con su Aurora, “las normas que se llaman «morales» están, a decir verdad, dirigidas contra los individuos y no tienden, en ningún caso, a su felicidad”, quizá, Paco, se las meto doblada, debería colocar al existencialismo y al nihilismo en el mismo estante de los neoliberales, ahí, a un ladito del rincón perdido en donde vivirán los textos expresidenciales.

Chance y el Presidente pensaba que su público en Mocorito se dedicaba al crimen organizado, uno de esos pueblos que se deja seducir por el narco, de los que se les hace de agua los camotes cuando ven la troca con las alhajas y la ropa de marca y, le faltó, el Buchanans 18, la bukanita roja, pues… ¿pensaba acaso que le hablaba a potenciales malandros?

Desconocía, seguro, que en Mocorito, Sinaloa, existe un esfuerzo desde hace años por arrancarse el estereotipo que él usó y restregó, que Mocorito se ha convertido en un ejemplo de trabajo para la atracción del turismo con su pueblo colonial, sus carreras de caballos y sus múltiples atractivos naturales, si tan sólo fuese presidente y no predicador por un momento.

Justo lo que necesita el pueblo bueno es ambición, es querer salir avante, es el ejemplo con el tesón de Mocorito, es inversión, buscar que existan más trocas y más alhajas y más lujos, no menos…

Aunque hay un detalle importante, esos pueblos que se desarrollan con base a su trabajo y no a la dádiva, son los más difíciles de dominar con libritos de a diez pesos.

En el fondo, creo que el Presidente sólo quería compartir su gusto por El Hobbit, de J.R.R. Tolkien: “Si hubiera más personas que valoraran la comida y la alegría y la canción por encima del oro atesorado el mundo sería más feliz”....
¡Oh, my precious!

De Colofón

España, Alemania, Francia y Gran Bretaña desconocerán al dictador Maduro en unos días más, la mayoría de América Latina lo hizo ya… ¿alguien habla ruso? 

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