Una condición de salud más común
El hígado graso, o esteatosis hepática, se ha convertido en una de las enfermedades más frecuentes en la actualidad. El doctor Nicolás Joaquín Fernández Pérez, hepatólogo y gastroenterólogo en el Hospital CHRISTUS MUGUERZA Altagracia, explica que esta condición se desarrolla cuando la grasa consumida no se metaboliza correctamente y se acumula en el hígado.
Su aparición está estrechamente relacionada con padecimientos como obesidad, sobrepeso, diabetes, colesterol y triglicéridos elevados, así como trastornos hormonales, entre ellos alteraciones tiroideas y ovario poliquístico. Estos factores forman parte del síndrome metabólico, cuya prevalencia es elevada en la población.
Se estima que más de un tercio de las personas presenta este conjunto de alteraciones, y hasta la mitad podría tener factores de riesgo para desarrollar hígado graso.
Una enfermedad silenciosa
Uno de los principales desafíos del hígado graso es que no presenta síntomas en sus etapas iniciales. Cuando aparecen manifestaciones clínicas, el daño hepático suele estar avanzado e incluso puede haber progresado a cirrosis.
Actualmente, esta enfermedad asociada al síndrome metabólico figura entre las principales causas de enfermedad hepática crónica a nivel mundial, junto con el consumo de alcohol, lo que rompe con la idea de que solo quienes beben en exceso desarrollan daño hepático.
Diagnóstico oportuno, clave para evitar complicaciones
El doctor Nicolás Fernández señala, que el diagnóstico suele comenzar de manera incidental, a través de estudios de imagen como el ultrasonido abdominal, que permite detectar la acumulación de grasa en el hígado, aunque no determina el grado de daño.
Los estudios de laboratorio forman parte de la valoración clínica integral y deben ser solicitados e interpretados por el médico tratante. A través de estos análisis es posible detectar alteraciones en parámetros como glucosa, colesterol, triglicéridos o función tiroidea, así como otros indicadores relevantes según el caso.
No obstante, los resultados de laboratorio, por sí solos, no establecen un diagnóstico definitivo. Su adecuada interpretación requiere correlacionarlos con la historia clínica, la exploración física y, cuando es necesario, estudios complementarios. De esta manera, se logra una valoración más precisa y un abordaje adecuado para cada paciente.
El hígado graso puede avanzar de forma progresiva si no se detecta y atiende a tiempo. En algunos casos, la acumulación de grasa provoca inflamación del tejido hepático, lo que con el tiempo puede derivar en fibrosis, una cicatrización del hígado y, en etapas más avanzadas, en cirrosis, un daño permanente que compromete seriamente la función de este órgano vital.
Cuando la enfermedad hepática progresa sin un control adecuado, puede evolucionar hacia etapas avanzadas con complicaciones potencialmente graves. Entre las más relevantes se encuentran las hemorragias digestivas (frecuentemente asociadas a hipertensión), la acumulación de líquido en el abdomen (ascitis) y las alteraciones neurológicas conocidas como encefalopatía hepática.
En este contexto, el hígado pierde de forma significativa su capacidad para realizar funciones esenciales, como la desintoxicación, la síntesis de proteínas y el metabolismo de nutrientes. En fases avanzadas de insuficiencia hepática, y dependiendo de la causa y evolución, el trasplante hepático puede convertirse en la principal opción para mejorar la calidad de vida del paciente.

Tratamiento y atención multidisciplinaria
En etapas tempranas, el hígado graso es reversible. El tratamiento se basa principalmente en cambios en el estilo de vida, como una alimentación equilibrada, pérdida de peso y actividad física regular.
En el Hospital CHRISTUS MUGUERZA Altagracia, la Unidad Metabólica Integral (UMI) funciona como una puerta de entrada para la detección y manejo oportuno del hígado graso. A través de una valoración integral, el equipo identifica factores de riesgo, da seguimiento clínico y define, según cada caso, la intervención más adecuada, incluyendo la referencia con especialistas como el hepatólogo.
Este enfoque multidisciplinario con participación de endocrinología, nutrición, cardiología y otras áreas, permite no solo atender el problema hepático, sino intervenir en las causas metabólicas que lo originan, favoreciendo un tratamiento más efectivo y sostenido a largo plazo.
Prevención: la mejor herramienta
El doctor Nicolás Fernández enfatiza que la prevención es fundamental. Realizar chequeos médicos, especialmente en personas con factores de riesgo, puede marcar la diferencia entre una condición reversible y una enfermedad crónica.
Finalmente, como parte del llamado a la prevención, invitar a la población a no esperar a presentar síntomas y acudir a la Unidad Metabólica Integral del Hospital CHRISTUS MUGUERZA Altagracia, donde pueden recibir una evaluación completa, orientación médica y un plan de atención integral que favorezca la detección temprana y un mejor control de la enfermedad, mejorando así la calidad de vida de los pacientes.