La historia de la ciudad de León en el deporte se ha escrito por hazañas y sucesos importantes. 

Sin duda, uno de los eventos que puso a León en el mapa internacional fue el Mundial de Futbol México 1970.

Nuestro municipio ya había gozado de la gloria de cuatro títulos de Liga del Club León dentro del futbol nacional, incluso teniendo varios recintos como el Estadio Patria, el Estadio Enrique Fernández Martínez y el Estadio La Martinica.

La construcción del Estadio León le abrió puertas a la ciudad para la internacionalización.

En 1968, a un año de su apertura, el Estadio León fue elegido como subsede en el futbol de los Juegos Olímpicos de México. En esa ocasión, compitieron en nuestra ciudad las selecciones de Israel, Ghana, El Salvador, Guatemala, Tailandia y Bulgaria.

Eran años en los que el estadio leonés se convirtió en un símbolo de modernidad. 

La elección como sede del Mundial de 1970 validó la capacidad organizativa de la ciudad y, paralelamente, consolidó un proyecto urbano. Literalmente, la ciudad de León se preparó para recibir al mundo en uno de los acontecimientos más importantes del planeta.

Entonces fue importante detonar la dinámica citadina y mejorar todos los servicios. Hoteles, restaurantes y comercios vivieron una actividad inusitada. 

El impacto también fue cultural. La ciudad experimentó una apertura a la convivencia con aficionados extranjeros, amplió horizontes y reforzó la idea de que León podía dialogar con el escenario global.

En ese entonces, se vivían contextos políticos difíciles en algunos países por lo que un evento deportivo de esta magnitud servía como el pretexto ideal para estar en calma. Por eso, todo debía salir perfecto.

A nuestra ciudad le correspondió recibir a las selecciones de Alemania Federal, Bulgaria, Marruecos y Perú. Los alemanes llegaron como dignos subcampeones tras perder en la final cuatro años atrás con el “gol fantasma” de los ingleses.

El brasileño Pelé había estado en la inauguración del Estadio León tres años antes y para el Mundial de México 70, el empastado leonés recibió a otro de los mejores futbolistas de la historia, el alemán Franz Beckenbauer.

En el Mundial del 70, nuestra ciudad fue tocada por la suerte. En los cuartos de final, Alemania, que había hecho de León su fortaleza, recibió a Inglaterra en una auténtica revancha.

Ese partido, por su dramatismo y calidad futbolística, quedó grabado en la historia hasta ser considerado como uno de los partidos del siglo. Los germanos se llevaron la victoria con un marcador de 3-2 en tiempo extra.

Además, el alemán Uwe Seeler marcó uno de los goles más bonitos que se recuerde en los Mundiales, con un cabezazo ejecutado de espaldas al arco.

Pero recordar aquel Mundial no es solo rememorar partidos y resultados, también reconocer un momento de transformación urbana y social.

En definitiva, el Mundial de 1970 convirtió al Estadio León en escenario de leyendas, proyectó internacionalmente a la ciudad y sembró una memoria colectiva que aún late en cada conversación futbolera. 

Más que un torneo, fue un parteaguas histórico. León no solo fue una ciudad industrial, a partir de ese momento se colgó la etiqueta de ciudad mundialista. Y eso tiene un significado importante.

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