León, Guanajuato.- La alpinista leonesa Laura González del Castillo completó con éxito el proceso de aclimatación rumbo a la cumbre del Monte Everest, por lo que ahora permanece a la espera de la estrategia final que definirá el líder de la expedición, Arnold Coster.
Desde las faldas de la montaña más alta del planeta, Laura informó que logró superar una de las etapas más exigentes físicamente, al permanecer durante dos noches en el Campo II, ubicado a 6 mil 400 metros de altura.
Hasta el momento, completamos la aclimatación para poder subir a la cumbre. Dormimos dos días en el Campo II a 6 mil 400 metros, esto implica un desgaste importante para el cuerpo”, compartió la montañista.
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Como parte de la estrategia de recuperación, toda la expedición descendió a Namche Bazar, poblado situado a 3 mil 500 metros de altura, donde permanecerán algunos días para recuperar oxígeno y fortalecer el organismo antes del intento definitivo.
Estaremos en este lugar por tres noches y después regresaremos al Campo Base. Con esta estrategia, se trata de tener más oxígeno y recargar nuestro organismo de energía”, explicó.
Buscan evitar aglomeraciones en la ruta
Laura González destacó que en expediciones de esta magnitud no sólo importa la preparación física, sino también la paciencia para esperar el momento adecuado de ascenso, especialmente ante la gran cantidad de alpinistas que buscan alcanzar la cima del Everest en esta temporada.
De acuerdo con la deportista guanajuatense, Arnold Coster analiza que parte de los grupos aprovechen la primera ventana de buen clima, mientras su equipo esperaría un poco más para reducir riesgos en la ruta.
Arnold Coster prefiere que alguna parte de los equipos suban en la primera ventana de buen clima y que nuestro equipo espere un poco a fin de evitar tantas personas en la ruta, ya que esto también implica un riesgo adicional”, detalló.

El Everest y una lección de humildad
La leonesa también compartió una de las experiencias más impactantes que ha vivido durante el recorrido por la temida cascada de hielo, una de las zonas más peligrosas del ascenso al Everest.
Cuando llegamos a la zona donde un enorme serac había impedido a los sherpas fijar la ruta al inicio de la temporada, sentí un silencio distinto dentro de mí. Ver los gigantescos bloques de hielo que habían colapsado días antes fue como mirar la evidencia brutal de la fuerza de la montaña”, relató.
La alpinista reconoció que en ese momento volvió a comprender la dimensión y el poder de la naturaleza frente a la fragilidad humana.
“Ahí entendí, otra vez, lo pequeños y frágiles que somos frente a la naturaleza y sus propios tiempos. El Everest no negocia con nadie”, expresó.
El cruce más desafiante
Uno de los momentos más intensos de la travesía llegó al enfrentar una enorme grieta de hielo que obligó a instalar cinco escaleras unidas para poder cruzarla.
Un poco más adelante apareció la grieta más impresionante de toda la sección. Tan ancha y profunda que tuvieron que unir cinco escaleras para atravesarla”, narró Laura.
La montañista confesó que, pese a estar asegurada con cuerdas de protección, el verdadero desafío se libraba en la mente.
Sabía que iba asegurada a la cuerda fija. Sabía que técnicamente estaba protegida. Pero en esos momentos la verdadera batalla ocurre en la mente”, compartió.
Finalmente, con determinación y controlando el miedo, dio el paso decisivo.
“Respiré profundo. Y crucé”.
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