“Esa es la historia de la humanidad: somos animales que hacemos herramientas y nos encanta hacerlas, y por alguna razón tenemos un cerebro que puede comprender la ciencia y hacer ciencia, lo cual es asombroso, pero también somos insaciablemente curiosos; creo que ese es el significado de ser humano”.

Demis Hassabis

CEO de DeepMind y Premio Nobel de Química.

Hannah Fry, una profesora y científica matemática inglesa que realiza entrevistas para la BBC. A principios de semana platicó con Demis Hassabis, uno de los científicos líderes en el mundo que impulsan la ciencia de la computación. Fry tiene un podcast imperdible en el que conversa con científicos de primera línea.

Gracias a YouTube, empresa de Google, podemos conocer el pensamiento de Hassabis, quien, para muchos aficionados a los avances científicos y tecnológicos, tiene el tamaño de Lionel Messi o Cristiano Ronaldo en el futbol. Hoy les llaman “rock stars”. En la charla con la doctora Fry, descubre en la mente de Hassabis lo que viene en el futuro cercano y en el mediano plazo. ¿Qué nos espera?

En los próximos 2 o 3 años tendremos millones de “agentes” haciendo chamba en internet para nosotros; los que hoy son asistentes incipientes del trabajo perfeccionarán sus “habilidades” para ser más precisos y confiables. Esto puede desplazar a muchos trabajadores de cuello blanco que realizan tareas repetitivas; también puede reemplazar a profesores y acelerar el proceso creativo de diseñadores y programadores.

Hassabis logró descubrir la forma o el doblez de todas las proteínas (200 millones) y publicarlas para que estuvieran al alcance de los biólogos y científicos. Ahora trabaja, en sus ratos libres, con una “startup” a la que Google le inyecta dinero para desarrollar tecnología para la producción de energía eléctrica mediante la fusión nuclear, una fuente inagotable, como lo es el Sol. Hay una gran competencia mundial en los avances científicos. Se invierte más dinero que nunca en la IA, que avanza en la explicación o en la simulación de cualquier fenómeno natural. “Todo es computable”, dice Hassabis.

La investigación científica, que vive en la frontera del conocimiento, produce la mayor plenitud de vida, según un viejo estudio del economista Paul Samuelson. Esa felicidad por crear y desarrollar ciencia, ya sea en las aulas o en los laboratorios, no tiene límites de edad, género ni raza. Es el trabajo como un juego. Los científicos de la IA logran fortunas gracias a la gran demanda en las nuevas plataformas, pero ese no es el incentivo principal del verdadero científico, como dice Hassabis: es completar la vocación de curiosidad y conocimiento humanos.

Con la IA vienen enormes retos económicos, políticos, sociales y filosóficos. Las grandes empresas como Meta, Google, Microsoft, OpenAI y Anthropic cuentan con filósofos para ayudar a desentrañar los riesgos éticos que conlleva la IA, por ejemplo. La explosión de los puntocoms al principio del siglo apenas representa la décima parte de lo que hoy es la loca carrera científica por alcanzar la IAG (Inteligencia Artificial General). Hay billones y billones de dólares invertidos y nadie adivina el futuro de las principales empresas porque se requerirá más inversión.

Este futuro puede descubrirse si seguimos a los cracks de la IA del momento: Demis Hassabis, Mustafa Suleyman, Raymond Kurzweil, Dario Amodei y Elon Musk, entre otros. Todos con sus ideas expuestas en YouTube y otras redes sociales. Mi ídolo es Hassabis por su claridad, humanidad e ideales. (La entrevista tiene una traducción al español).

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