Trato, cada año, de asistir a unos Ejercicios Espirituales, sí aquellos que creó San Ignacio de Loyola. ¡Me hacen falta! Es como una necesidad de reencontrarme con nuestro Creador; hacer un alto en el camino, retomar fuerzas, redirigir objetivos, evaluar mi caminar y reconocer que mi esencia está en Él.  Y como este año, mi amiga Araceli Guerrero me compartió el calendario de los que organizan los Jesuitas, en Puente Grande, aparté una semana de mi vida, para participar.  

Yo creo que los Ejercicios inician desde que tienes la idea de asistir, buscas la información, te comunicas y te inscribes, porque ya desde entonces, ¡te estás disponiendo! Me llamó la atención que en este caso, no me pidieron anticipo, solo mi nombre y me dieron los horarios, las indicaciones para llegar y lo que necesitaba llevar. Se me hizo medio extraño y arriesgado, porque a mí que me gusta organizar cosas parecidas, me ha pasado que la gente, simplemente no llega o te avisa de última hora, sin darse cuenta toda la inversión de dedicación, tiempo y dinero que implica. Creo que confían mucho en la gente… ¡y les ha funcionado porque si no, no lo harían! 

Para la maleta me pedían llevar la Biblia, cuaderno, pluma y cosas personales, así como mis medicamentos, ya que en la casa de retiros, era difícil conseguirlos, porque está en el campo. Allá me proporcionarían sábanas, toallas, almohada y cobijas. Sugerían portar un tapete por si deseabas hacer oración en el jardín, así como repelente de insectos, bloqueador solar y una botella o termo para contribuir a conservar el medio ambiente.  Para la ropa era necesario considerar la estación, porque en invierno llegan hasta los 2 ºC y en verano hasta los 40 ºC, y la recomendación es que sea cómoda y adecuada. También te invitan a llevar dinero extra porque venden libros, galletas, botanas, cosas de lavandería y tazas. En resumen: cómoda, adecuada y preparada para aislarte un tiempo. 

Llegado el día, ahí voy, con un poco de angustia de manejar en esa carretera de nuestro León a Guadalajara que se ha vuelto muy insegura… ¡a mí que me encanta guiar en nuestro México, qué tristeza y enojo me da hacerlo con miedo a que te asalten! Pero me fue bien, con un poco de obras en el camino, pero en general, hermosas las vistas. 

Ya casi para llegar al lugar, me di cuenta porqué le dicen “Puente Grande”, y es que hay un enorme puente antiguo de piedra y cantera que pasa por encima del río Santiago. Dicho puente fue construido en 1718, era parte del Camino Real de Tierra adentro y se volvió el cruce más transitado entre Guadalajara, el norte de Jalisco y Zacatecas; además en 1893 se construyó una de las plantas hidroeléctricas más antiguas de la región. Luego tomas el “Camino al Seminario” porque cuando se creó fue el Seminario de los Jesuitas. Está anunciado en la entrada, donde hay una glorieta con una enorme araucaria, un gran tronco seco y con una blanca estatua de Jesús que dice “Vengan a mí todos los que están agobiados y yo les daré alivio”: Mateo, 11, 28. 

Desde que llegas te sorprende una enorme construcción de 4 pisos hecha en 1955 así como una hermosa capilla rodeada de viejos árboles con cuidados jardines, un gran comedor y la casa de los Padres; se puede percibir una paz que contrasta con la prisa en la que vivimos.  Las personas aquí viven a otra velocidad y son muy amables.   

El costo, no me pareció caro ($1,000 por día) pensando que incluye las pláticas y el acompañamiento por un jesuita de gran experiencia (a mí me tocó el Padre Luis Valdez Castellanos, autor de varios libros), el material, alimentos, hospedaje y la ropa de cama… ya que el aseo de tu cuarto lo realizas tú, y la lavada de trastes se hace en grupo.  

Llegando te dan la llave de tu cuarto solo para ti y hay que hacer tu cama y preparar tus cosas. Fuimos a la plática introductoria donde además de la bienvenida, nos hacen caer en la cuenta de que además de nosotros desear venir y hacerlo, ¡es Dios quien nos está esperando y quien nos invitó! ¡Qué maravilla! ¡Cuánto amor! Hay que disponernos a Él con lucidez y actitud de oración. 

Entre las reglas y avisos generales, están el estar en silencio al cien por ciento (no escuchar ni música) porque así vamos a poder escuchar a Dios… y no usar el celular (¡todo un reto, en la actualidad!).  (Continuará). 

RAA

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