Aun buscándole, resulta difícil encontrar en las filas de la cuatrotería a un economista de renombre, uno -digamos- como Agustín Carstens, que valía dentro y fuera de México. Los cuatroteros se miran muy metidos en la grilla, traen broncas por todos lados, no nada más en Sinaloa, y ni hablar de temas de justicia, del huachicol “Madre de Todas las Estafas”, de los narcopolíticos que quiere Estados Unidos, de la broncona que será “negociar” un nuevo T-MEC, etc.
A lo que vamos es que hay tantos infiernitos prendidos que no nos da el seso para fijarnos en la gran bronca financiera que se nos avecina: ésta es la “eco-no-mía” (no mía porque es de ellos). Deuda explosiva, economía que apenas crece, ingresos fiscales topados, degradación de nuestra deuda soberana en puerta y una deuda bruta del sector público que va que vuela para alcanzar el 60 % del PIB.
Nadie en la cuatrotería habla de estos temas; no parecen ni entenderlos ni darles importancia… y, sin embargo, el problemón está ahí, a la vista de todos. De ahí que debamos atender las voces que entienden las implicaciones del coctel de peligrosas variables que mezclamos; voces, entre otras, del Consejo Coordinador Empresarial.
No todos, pero en esa agrupación sí hay gente que le sabe a la economía; por ello, en voz de su presidente, don José Medina Mora, formulan una petición seria y fundada al Gobierno cuatrotero. Sugiere el CCE que el Gobierno de la Presidenta Claudia Sheinbaum priorice el gasto productivo y reduzca o elimine el gasto superfluo en el paquete económico que preparan ya para entrar en vigor en 2027. Piden que se contemple un recorte al endeudamiento y eliminar proyectos en los que se tira el dinero.
Prudente llamado, nos parece; sin embargo, mucho tememos que el Gobierno y su Presidenta no harán caso. Seguramente -como es época electoral en el 27- incrementarán las dádivas compravotos, continuarán gastando en trenecitos o en aerolíneas de la Sedena que subsisten sólo con subsidios gubernamentales; continuarán tirando el dinero del erario en Pemex, en la improductiva Dos Bocas y en la manutención de una burocracia de oro que gasta como si hiciera, pero cuyos logros son escasos y resultados inexistentes.
Ahí tienen el enorme gasto en aviones privados para sus vuelos de recreo de la Gobernadora de Quintana Roo, Mara Lezama. Millones de dólares en renta de aeronaves: dice ella que no los paga el erario, ¿entonces quién? ¿A poco ella misma con un sueldo de 100 mil pesos mensuales? ¿Acaso se los regalan proveedores del Estado en abierto conflicto de interés a grado de corrupción?
Aparte, ¿dónde quedan los principios de austeridad que pregonan los cuatroteros, la dizque “austeridad franciscana” que predicaba el Ayatola de “La Chingada”, pero que ninguno de sus hijos practica, como tampoco una buena parte de sus seguidores y funcionarios emanados de la SECTA macuspeña?
La realidad es que el “movimiento” y los Gobiernos que de él emanan están ahorcando a la gallina: gastan como si ésta fuese eterna e inmortal para sus proyectos faraónicos, improductivos y consumidores insaciables de recursos públicos que se están acabando. La uña fiscal ya no puede arrancar carne cuando topa con hueso: imposible intentar sostener un Gobierno rico sobre los hombros de un pueblo pobre.
Y, no cabe duda, pobres estamos tras ocho años de una economía que no crece, de una base de causantes cautivos que tampoco crece, del terrorismo fiscal que ahuyenta la inversión y fomenta la fuga de capitales matando el ritmo de la inversión PRODUCTIVA privada, pues pública sabemos que no la hay.
En su infinita ignorancia desconocen que los recursos que dilapidan provienen del pueblo vía impuestos: si el pueblo no prospera, si la economía no crece, ¿de dónde y a quién le van a cobrar impuestos? Acabarán reinando sobre un panteón de contribuyentes, con la pretensión de que éstos les sigan pagando in sécula seculórum sus lujos y caprichos. Habrá que recordarles la máxima de máximas: ¡el Gobierno NO ES LA SOLUCIÓN: el Gobierno ES EL PROBLEMA!