León, Guanajuato.- Para Lemon Bucket Orkestra, la música no entiende de etiquetas.
La agrupación canadiense llega por primera vez a México para llevar al Festival Internacional Cervantino una propuesta que mezcla tradiciones de Europa del Este con punk, jazz, rock y sonidos latinoamericanos, en un espectáculo donde el público también se convierte en protagonista.
Lemon Bucket Orkestra nació de un grupo de jóvenes músicos callejeros interesados en la energía y el espíritu de Europa del Este. Sin embargo, con el paso del tiempo, esa inspiración comenzó a mezclarse con las distintas influencias de sus integrantes.
Mark Marczyk, líder de la agrupación, explicó en entrevista con AM, que ahí se encuentra precisamente la esencia de la banda y su concepto de “tradiciones portándose mal”.
“Empezamos siendo como un grupo de jóvenes músicos callejeros que estaban interesados en la energía y el espíritu de la gente de Europa del Este. Había algo en las historias de las canciones, las melodías y las armonías que hablaban de algo que sentíamos y queríamos expresar en las calles”.
A partir de ahí incorporaron elementos de punk, samba, jazz y rock, permitiendo que las distintas experiencias de los músicos transformaran aquellas tradiciones.
“El mal comportamiento es que comienzas con un impulso para sumergirte en algo que te habla, que puede resistir la prueba del tiempo y esa es la fuente inmediata de inspiración, pero luego filtras eso a través de tu propia experiencia y a través de la experiencia de múltiples personas y sus influencias”.
Para Marczyk, el riesgo de mezclar sonidos tan distintos es que todo pueda desmoronarse. En su caso, ocurrió lo contrario.
“En nuestro caso, condujo a esta explosión de creatividad, es decir, una cubeta de limones”.
Un concierto que se convirtió en un álbum
Esa energía que caracteriza a Lemon Bucket Orkestra quedó plasmada en su producción en vivo Live in Bogotá, grabada durante una noche particularmente complicada para los músicos.
Después de una gira por Chile, llegaron a Colombia y durante la prueba de sonido descubrieron que la altura iba a representar un reto.
“Después de tocar una canción estábamos totalmente agotados, sin poder respirar. No estábamos acostumbrados a la altura y nos dimos cuenta de que el espectáculo iba a ser muy, muy difícil”.
La situación no mejoró cuando comenzó el concierto. Sin embargo, la banda decidió pedir ayuda a quienes estaban frente al escenario.
“Le pedimos a la audiencia que se acercara al frente del escenario y nos diera todo lo que tenían para ayudarnos. Todos se pusieron de pie y nos dieron probablemente la energía más loca que hemos sentido en los últimos 15 años de gira”.
Aquella interacción terminó dándoles la fuerza que necesitaban para continuar y explorar una nueva energía durante el concierto.
“Y de eso se trata el álbum. Se trata de ese momento tan especial con el público de Bogotá, que se acerca y nos llena de cariño”.

La gente es el ‘lugar’
Después de casi dos décadas de recorrer distintos países, la agrupación ha encontrado que una parte fundamental de su identidad se construye precisamente durante esos viajes.
Para Marczyk, los lugares adquieren significado gracias a las personas que los habitan.
“Donde quiera que vamos y visitamos, nos damos cuenta de que los lugares se sienten vacíos sin las personas que los habitan y que le dan sentido a la vida del lugar”.
Los encuentros pueden suceder en cualquier momento y con personas muy distintas: desde un conductor de autobús hasta un fanático que recomienda un restaurante o alguien que decide compartirles una comida, una bebida o incluso un disco.
“Todas esas experiencias diferentes que tenemos en esos lugares es lo que hace que el lugar sea especial, único, y es lo que buscamos en cada parte del mundo”.
Por eso, para Lemon Bucket Orkestra, el viaje no termina cuando bajan del escenario.
“Para nosotros no es solo importante el momento donde nos subimos al escenario, todos nuestros viajes definen quiénes somos como banda”.
El público forma parte del espectáculo
La propuesta de Lemon Bucket Orkestra mezcla música, teatro, improvisación e interacción con el público. Para Marczyk, romper la barrera entre quienes están sobre el escenario y quienes están frente a ellos es fundamental.
“Cualquiera que se suba a un escenario y lo use para pontificar sobre sus propios puntos de vista realmente está desperdiciando el espacio sagrado del escenario”.

Sin etiquetas para la música
La agrupación también se resiste a encasillar su propuesta dentro de géneros o etiquetas culturales. Su música puede pasar de Europa del Este a los Balcanes, reggae o influencias latinoamericanas sin intentar colocar cada sonido dentro de una categoría específica.
“En realidad nuestro trabajo es salir del camino de la cultura y dejarla vivir libremente y sin todos esos clichés que se le imponen”.
Marczyk considera que las personas son quienes intentan colocar la cultura en cajas, cuando en realidad las tradiciones están vivas y en constante transformación.
“Las personas y la cultura son vibrantes. Se mueven, cambian, les encanta interactuar y desarrollarse”.
Por eso cuestiona las reglas que buscan determinar cómo debería sonar una expresión cultural.
“Que tiene que sonar de Ucrania, que tiene que sonar como de Canadá, que tiene que sonar como de México. Que si es jazz, que si es rock”.
Para la banda, esas etiquetas pierden importancia frente a aquello que realmente buscan transmitir.
“El género no importa, y la cultura no importa tanto como lo que nos inspira, sea lo que sea”.
Primera visita a México
Este octubre, Lemon Bucket Orkestra llegará por primera vez a México para presentarse en el Festival Internacional Cervantino.
La visita tiene un significado especial para la agrupación, ya que uno de sus integrantes fundadores, el percusionista Oscar Lambari Nunes, es originario de San Miguel de Allende.
“Esta es la primera vez que vamos a tocar en México. La única persona que ha estado en México es nuestro percusionista Oscar Lambari Nunes, de San Miguel de Allende”.
Para Marczyk, conocer el país a través de uno de sus propios integrantes representa una oportunidad distinta.
“En este caso en particular es el hogar de uno de los miembros fundadores de la banda, así que ahora no solo tenemos la oportunidad de ir y traerle todo lo que amamos a él y a su familia, sino también podemos ver un poco de su cultura y sentirla por nosotros mismos”.
La agrupación llegará además con algunas sorpresas preparadas especialmente para su visita.
“Estamos preparando unas canciones que tienen un poco de influencia mexicana y latinoamericana”.
Tradición para las nuevas generaciones
Para Lemon Bucket Orkestra, acercarse a una tradición no significa necesariamente reproducirla de manera idéntica. Marczyk considera que también es posible encontrar en ella una fuente de inspiración para descubrir la propia identidad.
“Muchas veces lo más importante es encontrar algo más grande que tú mismo”.
El músico considera que las tradiciones que han sobrevivido durante décadas, siglos o incluso miles de años pueden convertirse en una manera de entender que las personas forman parte de algo mucho mayor.
“Cuando te atas a una tradición que ha estado ocurriendo durante algunos casos, docenas de años, en algunos casos, cientos de años, en algunos casos, miles de años, empiezas a encontrar algo único”.

La cita en Guanajuato
Lemon Bucket Orkestra tendrá como sede principal la Explanada de la Alhóndiga de Granaditas, el próximo 16 de octubre, como parte del Festival Internacional Cervantino.
La entrada general tiene un costo de 280 pesos, mientras que el acceso a las gradas será gratuito.
Para la agrupación canadiense, será además la primera oportunidad de encontrarse directamente con el público mexicano y conocer un país que hasta ahora habían experimentado únicamente a través de uno de sus integrantes.
Y, fieles a su filosofía, no llegan solamente a presentar su música: llegan dispuestos a dejar que México también transforme su música.
CYPS