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Historia 399

Esta es la historia 399 de 450 que te contaremos sobre León

Cuando Antonio Saldaña Sánchez llegó a la parroquia de San Miguel, encontró que un gran número de adultos, jóvenes y niños del barrio no sabía leer ni escribir.

El sacerdote pensó que una forma de ayudar a sus feligreses era crear una escuela.

No tenía maestros, muebles ni instalaciones. Comenzó con el apoyo de un grupo de jóvenes, acondicionó espacios en algunas casas y utilizó terrenos de la parroquia. La escuela comenzó a crecer y, con ella, una de las tareas que marcaron su paso por San Miguel: la educación de los niños.

A sus fieles los llamaba “hijos del pueblo” y a los alumnos de la escuela parroquial, “los güeros”.

¿Quién fue Antonio Saldaña?

Antonio Saldaña nació en 1884 en el rancho de La Soledad, municipio de San Francisco del Rincón. Sus padres fueron María Asunción Sánchez y Felipe Saldaña.

Terminó la primaria en la Hacienda de Peñuelas e ingresó al Seminario del Divino Salvador, auxiliar del Seminario de León.

Fue ordenado sacerdote por el obispo Emeterio Valverde y Téllez en 1911, en la Catedral de León.

Fue capellán de la hacienda de Santa Rosa, de San Juan de Dios y del templo de la Santísima Trinidad; también fue vicario de la parroquia del Sagrario y de la parroquia de San Miguel. Finalmente, fue ascendido a párroco del Mineral de la Luz y de la parroquia del barrio de San Miguel. 

En 1920 asumió la responsabilidad del Barrio de San Miguel, donde permaneció durante décadas, hasta su muerte.

Desde su regreso como párroco, el padre Antonio puso en práctica la idea que había madurado sobre cómo ayudar a los habitantes del barrio.

La escuela parroquial abrió con recursos de la parroquia de San Miguel y maestras sin título, entre ellas Macrina Landín, Angelina Centeno, Emilia Terrones, Leocadia Vera, María Concepción Alcántar, María de la Luz Valdivia y María de la Luz Ramírez.

El sacerdote seleccionaba entre las catequistas a quienes mostraban vocación para la enseñanza y las incorporaba como maestras.

Algunas facilitaron habitaciones de sus propias casas para impartir las clases. También se acondicionó un terreno de la parroquia.

El 5 de febrero de 1921, con fondos parroquiales, Saldaña formalizó la escuela parroquial.

Las clases comenzaron con alrededor de cien alumnos, distribuidos en un grupo de párvulos y otro de primaria.

La escuela tenía una organización distinta a la de otros planteles de la época. Mientras otros impartían la primaria en siete años, la de San Miguel lo hacía en cinco: uno de preescolar y cuatro de primaria.

Desde párvulos se enseñaba aritmética. Al llegar al primer año de primaria, los alumnos ya trabajaban con sumas, restas, multiplicaciones y divisiones.

De acuerdo con los testimonios sobre aquella escuela, en cuarto grado los alumnos alcanzaban conocimientos correspondientes al sexto grado de otros planteles.

La escuela fue creciendo y los anexos de la parroquia dejaron de ser suficientes.

Años después, el padre Saldaña accedió a incorporarla a la Secretaría de Educación. Al principio había temido hacerlo porque ni él ni las maestras contaban con título de normalista.

Su trabajo educativo no se limitó a las aulas. Saldaña también impulsó la formación de catequistas.

“Mis güeros”

Saldaña tenía una relación cercana con los alumnos de la escuela. Vigilaba las clases de catecismo y participaba en su preparación para la Primera Comunión.

Sus explicaciones cuaresmales formaban parte de sus actividades. También dedicaba atención al confesionario y a la adoración nocturna del Santísimo Sacramento.

En la escuela insistía en que los alumnos, además de adquirir conocimientos generales, recibieran formación religiosa.

La persecución

En 1926, con el inicio del conflicto cristero, Saldaña tuvo que salir de León y permanecer en Estados Unidos.

La escuela, sin embargo, no dejó de funcionar.

Las maestras continuaron impartiendo clases en sus propios domicilios. De esta manera, la escuela parroquial siguió trabajando durante la ausencia del sacerdote.

Para entonces, el plantel ya formaba parte de la vida del barrio.

Saldaña regresó a San Miguel y continuó al frente de la parroquia durante las siguientes décadas.

“Era admirable”

El padre Carlos Muñoz, quien colaboró con él,  afirma que la vitalidad y devoción del padre Saldaña eran admirables. 

El sacerdote no sólo impulsó una escuela; también formó a jóvenes del barrio para que enseñaran a otros y mantuvo durante décadas una relación cercana con los alumnos.

Su permanencia en San Miguel fue inusual. Falleció a los 99 años de edad. En sus últimos días, el padre Juanito Gómez le ayudó a celebrar la misa. Murió en sus brazos y con un rosario entre las manos, según consigna un artículo publicado en la revista Mi Barrio San Miguel de la Real Corona, conmemorativa del cuarto centenario de su fundación.

La comunidad pidió que su cuerpo fuera sepultado en el templo.

Tumba del padre Antonio Saldaña. Foto: Gerardo García

Décadas después, el 10 de noviembre de 2002, fue develado un monumento al señor cura Antonio Saldaña Sánchez en la Parroquia de San Miguel. El Archivo Histórico Municipal conserva fotografías de aquella ceremonia.

Monumento al padre Antonio Saldaña Sánchez. Foto: Gerardo García

La escuela parroquial se convirtió en el Colegio Fray Bartolomé de las Casas, con los niveles de primaria, secundaria y preparatoria. El plantel mantiene su presencia en San Miguel, a un costado de la parroquia, sobre el bulevar Juan José Torres Landa.

Colegio Fray Bartolomé de las Casas. Foto: Gerardo García

Para generaciones de habitantes del barrio, la huella de Saldaña quedó ligada a la parroquia, pero también a las aulas: a los niños que aprendieron ahí sus primeras letras y a las maestras que llevaron la enseñanza a las casas del barrio.

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