Las familias de cuatro de los cinco niños fallecidos en el Hospital General de Zona número 1 del IMSS en Durango fueron llamadas a la tercera reunión en menos de una semana después de la muerte de sus hijos. El departamento jurídico las buscó una por una. Al llegar se acomodaron en una oficina de las instalaciones centrales en el estado.
De pronto, y sin que nadie se los advirtiera antes, apareció Zoé Robledo, el director general del Instituto. Iba acompañado de la delegada, Roxana Blanca Rivera y de otros funcionarios que a lo largo de los días habían quedado rebasados por la tragedia.
Los papás que hablaron para esta columna coinciden en que, por la experiencia vivida ya no tenían la más mínima esperanza en encontrar a alguien humano ante su pérdida. Zoé, aseguran, sí lo fue. Entró y saludó uno a uno. Faltaba más.
Según los relatos se presentó viéndolos a los ojos. Inmediatamente pidió perdón en nombre del IMSS y ofreció mano dura contra el mal trabajo realizado. Luego les dio la palabra a los papás y mamás. Ellos hablaron de las cosas que tenían que cambiar, pero sobre todo de las áreas de oportunidad humanas.
Los papás me relataron que sus primeras dos entrevistas con los líderes del IMSS a nivel local fueron un desastre en tonos donde prácticamente culparon a los bebés de haber muerto, les dijeron que estaban graves y que si no fallecían de una cosa iban a fallecer de otra. No eran capaces de responder el mínimo cuestionamiento. Mantenían la idea de que la culpa era de una bacteria.
Zoé lucía molesto, tomaba nota. Cuando el resto de sus acompañantes interrumpía a algún papá, los detenía. Los papás insistieron en que no era posible que, en una visita al IMSS, desde los vigilantes hasta el personal médico, los trataran como perros. Y esa es la tónica a nivel nacional, en cualquier ciudad, en cualquier estado.
Sobre la pregunta central ¿por qué murieron los niños?, Zoé no pudo dar respuesta todavía. Prometió una investigación seria, pidió perdón de nuevo. Los papás creen que abrió un canal de comunicación que no existía. Ofreció ayuda psicológica, sobre todo a las mamás, misma que empezó de inmediato para quienes la aceptaron.
No se habló de indemnización. Los papás me dicen que eso habría sido una ofensa, que ninguno imagina lucrar con muerte de su hijo, por más necesidades y dificultades económicas que tengan. Quieren, más bien, sentar un precedente y que nadie más pase por lo mismo.
Zoé se levantó, de nuevo dio la mano a todos y prometió descubrir qué pasó y un trato más digno para los enfermos y sus familiares. Los papás quieren ver si con el tiempo cumple. Dicen, eso sí, que la reunión no fue el final, sino el principio.
Me gustaría, como ellos, creer en Zoé, pero prefiero mantenerme escéptico. Acaban de entregar a dos recién nacidas equivocadamente a otras familias en Baja California.
Stent:
Dicen que octubre se pondrá de miedo para Morena y no por Halloween sino por los nuevos ‘llegues’ que vendrán desde Estados Unidos.
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