León, Gto.- Construir el monumento a Cristo Rey en el cerro del Cubilete -entre 1944 y 1976- fue un desafío de ingeniería y de organización presupuestaria y humana, que abarcó décadas, pero el sentir general entre las personas que participaron fue de satisfacción de crear no solo un lugar digno para manifestar la fe católica, sino hacerlo de manera majestuosa.
Así lo afirmó Antonio Gerardo Ituarte Mariscal, nieto de Nicolás Mariscal y Piña, el arquitecto que diseñó la obra, e hijo de José Carlos Ituarte González, también arquitecto, encargado de la obra a partir del retiro de su suegro, en 1964, hasta la finalización de la misma.
“Por la voluntad de Emeterio Valverde Téllez, un gran monseñor, mi abuelito, Nicolás Mariscal y Piña, hizo (diseñó) el tercer monumento en la Catedral de León, Guanajuato, y la escultura de Cristo Rey la hizo el maestro Adolfo Ponzanelli, esto, después de que (monseñor Valverde) regresó de Roma por la persecución religiosa, por la Cristiada”. Esto fue en los años 1930.
“Como (a Nicolás Mariscal) le había quedado tan bonito (el diseño), Monseñor le pidió a su secretario, monseñor Villanueva, quien por motivos médicos iba a la Ciudad de México, a que visitara a mi abuelito y le dijera que quería que construyera el quinto monumento”. El que habría de dominar el pasaje desde el Cerro del Cubilete.

En entrevista con AM, don Antonio contó que el monumento representa mucho para su familia, empezando por él mismo, porque junto con su hermano gemelo, pasó parte de su infancia y adolescencia recorriendo el Cubilete mientras la obra se levantaba.
“Para mi abuelito fue su obra más grandiosa. Su hermano -Federico- terminó el Palacio de Bellas Artes. Monseñor Emeterio Valverde escogió a (Nicolás) porque escogió a los grandes arquitectos de la época, los Mariscal”.
Por ello, decidió escribir este libro, “El Cristo del Cubilete”, con base en la documentación original, para producir un texto a la altura de ese gran monumento.
El libro cuenta desde la huída de monseñor Valverde, con el contexto de la persecución religiosa en el centro del país, su regreso y las vicisitudes que enfrentaron su abuelo y su padre, al diseñar y posteriormente construir el monumento.
“(Mi abuelo) tuvo que hacer un estudio iconográfico para ver cómo iba a ser la cara, qué rostro debería tener Jesús. No es que fuera lo que en su mente estuviera (…) y se fue a estudiar a Europa los rostros que hay de Jesús en la arquitectura, en la escultura y en la pintura. Un estudio muy serio y muy profesional”.
Y que el libro es resultado de los escritos que el padre José Ascensión Betancourt, prefecto del monumento a Cristo Rey, le pedía a su padre, el arquitecto José Carlos, con descripciones de cómo iba avanzando la obra, para publicarlos en su revista “Cristo Rey”. Gracias a eso se conservan grandes detalles del proceso de construcción.
Parte de estas anécdotas las contó Antonio Ituarte durante la presentación de su libro, el pasado 14 de mayo en instalaciones de la Universidad La Salle Bajío, en León.
Como tenía fotos inéditas, apuntes y planos, tanto de su abuelito como de su padre, fue que Antonio decidió compartirlas a través de este texto. Próximamente podrá adquirirse vía Amazon.

También en el Templo Expiatorio
Antonio Ituarte contó que mientras su padre trabajaba en Cristo Rey, fue contratado para continuar la construcción del Templo Expiatorio, en la ciudad de León, después de que en 1955 falleció el arquitecto titular, Carlos Lazo Barreiro (otro “peso-pesado” de la arquitectura, responsable del proyecto arquitectónico y urbanístico de Ciudad Universitaria, CU, en la capital del País).
“Mi papá trabajó las dos obras simultáneamente. Estuvo trabajando 20 años en el Templo Expiatorio”, por lo que también siente un gran cariño y nostalgia por esta icónica edificación en León.
Que le regresen su esplendor
Antonio Ituarte Mariscal se asume como guardián del legado de su abuelo y su padre, y pide a la sociedad guanajuatense y las autoridades eclesiásticas y civiles restaurar el monumento a sus características originales: no debe ser negro sino verde, con la pátina o capa protectora que cubre las estatuas de bronce.
Advirtió que, por las prisas, la obra fue “erróneamente remodelada” en lugar de ser restaurada.
“El Cristo de Corcovado -en Brasil- lo diseñaron blanco y a la fecha, sigue blanco. La Estatua de la Libertad es verde, la han restaurado y sigue verde. El Cristo del Cubilete era verde y lo convirtieron en negro, porque venía el papa Benedicto XVI -a México en 2012-, lo pintaron con pintura graffiti negra”, lo que considera un insulto, una afrenta.
Lamentó que no se haya hecho un estudio cuidadoso para limpiarlo. “Las esculturas de bronce no se pintan, se ‘patinan’, ahí está ese desastre que hicieron con ese ícono maravilloso”.
Por lo que pidió garantizar que las nuevas generaciones conozcan este monumento como fue diseñado. El día de la entrevista tenía cita con el monseñor Jaime Calderón, Arzobispo de León, para plantearle sus inquietudes.
JLMP