Uriangato.- Hace 60 años, un tapete de aserrín elaborado en el barrio de La Loma comenzó una tradición que hoy coloca a Uriangato en el mapa internacional del arte efímero.
La celebración llegó este año a su 11vo Encuentro Internacional de Alfombristas, donde las calles de la ciudad se transformaron desde las primeras horas del día en un enorme lienzo de colores para recibir el recorrido de San Miguel Arcángel, santo patrono de los uriangatenses.
Desde las 5 de la mañana, artistas locales y visitantes comenzaron a trabajar en las alfombras que cubrieron más de dos kilómetros del recorrido. Participaron delegaciones de Alemania, Italia, España, Malta y Costa Rica, además de representantes de Hidalgo, Tlaxcala y Guerrero.
Las obras quedaron terminadas alrededor de las 4:30 de la tarde, justo a tiempo para que miles de personas pudieran recorrerlas antes de que fueran pisadas durante el paso del santo patrono.
La tradición tiene su origen en 1966, cuando Pioquinto Baeza elaboró la primera alfombra de aserrín con colores vegetales en honor a San Miguel Arcángel. Con el paso de las décadas, la técnica se transformó y los artistas comenzaron a incorporar flores y otros materiales, pero el sentido religioso se mantiene.
“Si hablamos de la tradición de los tapetes es obligatorio mencionar a su creador, Don Pioquinto, que sin tenerlo en mente creó una de las tradiciones más arraigadas de nuestro pueblo y ahora hasta un evento internacional”, señaló Ricardo Niño, cronista municipal.
Como homenaje a ese legado, este año se realizó un tapete monumental de 27 metros de longitud en el atrio de la parroquia de San Miguel Arcángel, con las imágenes de Pioquinto Baeza y su esposa, Valentina Juárez.
Una tradición que une
Aunque el encuentro internacional concentra algunas de las obras más llamativas en el Centro Histórico, los tapetes también se extienden por los barrios de Uriangato. Familias y vecinos trabajan durante horas para crear diseños que acompañarán el paso de San Miguel.
“Es una muy bonita tradición que nos une a todos en los barrios, entre las familias y entre los vecinos”, comentó Roberto, tapetero del Infiernito.








Al caer la noche, las calles se llenaron de visitantes. Tras la misa, el repique de campanas anunció la salida de San Miguel Arcángel, cargado por los fieles, para iniciar un recorrido de más de dos kilómetros que se prolongó durante casi siete horas.
Las alfombras, creadas durante todo el día, comenzaron entonces a desaparecer bajo los pasos de los peregrinos.
Para los habitantes, esa transformación es parte de su significado; el arte dura unas horas, pero la tradición permanece.
“Es una tradición que nos representa mucho como uriangatenses, no solo por las alfombras, es más bien por la fe y la devoción a San Miguelito”, expresó Eugenia Montaño, ciudadana.








Lo que comenzó como una ofrenda local hace seis décadas hoy reúne a artistas de distintos países y a más de 20 mil personas alrededor de una misma tradición para honrar a San Miguel Arcángel.
DS